15 nov 2007

Fútbol y discriminación social


El sociólogo Roberto Di Giano es autor de Fútbol y discriminación social, un nuevo libro que se suma a Fútbol y cultura política en la Argentina y El fútbol y las transformaciones sociales del peronismo, también de editorial Leviatán (http://www.e-leviatan.com.ar/).

El periodista del diario Clarín Ariel Scher dedicó hoy su columna Tiempo de descuento, con el título Pensar un país y pensar el fútbol, al flamante trabajo de Di Giano. Para leerla, pulsar http://www.clarin.com/diario/2007/11/15/deportes/d-06503.htm


Lo que sigue es un fragmento del prólogo de Fútbol y discriminación social.


Este libro analiza el sostenido desarrollo que tuvo el fútbol en la República Argentina desde 1913, año en que salió campeón por primera vez un equipo surgido de las entrañas del mundo popular, hasta el momento en que se produce la abrupta caída del régimen peronista a mediados de la década del cincuenta.

Es importante recordar que el mundo popular de principios del siglo XX era un espacio marcadamente heterogéneo y que a los grupos oligárquicos les resultaba cada vez más irritante porque contaba con la activa presencia de una multitud de inmigrantes que irrumpían como elementos de perturbación de ese orden social pergeñado en su acotado círculo intelectual.

El cambio de sensibilidad con respecto al fenómeno inmigratorio les permitió a las elites reforzar su desprecio sociocultural por los miembros de los sectores populares a quienes, para justificar su dependencia, les negaban moralidad y capacidad. Si anteriormente se habían mostrado eficaces para asociar al criollo con la desidia y la holgazanería, a los otrora bienvenidos inmigrantes los vincularían sin ningún tipo de reparos con la inescrupulosidad, marcando así con ellos una frontera cultural que adoptando distintas formas siempre tendió a rechazar al ajeno.

En los diarios más prestigiosos e influyentes de la época encontramos muestras de intolerancia y discriminación que funcionan como verdaderos legados, en los espacios dedicados a debatir diversas cuestiones de la cultura futbolística local. Tomar en cuenta parte de ese rico material brinda la gran posibilidad de ampliar y complejizar nuestra memoria social y demostrar que muchas de las polémicas de antaño arribaron al nuevo milenio con una vigencia insospechada.

En la Copa del Mundo realizada en el Uruguay quedaría demostrado que el fútbol es capaz de exponer una variada gama de cualidades estéticas. Pero a su vez, que se ofrece como un terreno privilegiado donde se vuelcan los costados más patéticos de muchos aficionados.

Así, por ejemplo, sucedió con aquellos uruguayos que en este relevante torneo disputado en 1930 hicieron una demostración violenta de la adhesión a su seleccionado, ligada a lealtades nacionales demasiado exacerbadas. En ese clima de fuerte intolerancia, fantasear con una derrota frente a su clásico rival, el poderoso equipo argentino, los volvió llamativamente hostiles y violentos con los demás, y los alejó de la posibilidad de ensayar formas creativas de participación popular para salir del laberinto tejido por la xenofobia.
En la década del treinta el gobierno del general Agustín P. Justo, líder de aquella experiencia tan traumática para la mayoría de los habitantes de nuestro país consistente en restaurar políticas de tinte oligárquico, se relacionó estrechamente con el fútbol. La potencia de la cultura liberal, capaz de generar imaginarios que oculten o resalten hechos de una manera arbitraria, ayudó a borrar de la memoria colectiva, entre otras cosas, el sólido vínculo construido entre el astuto presidente y una de las entidades más poderosas del ámbito futbolístico: Boca Juniors.

Eran tiempos en que a las máximas autoridades del país, atravesadas por injerencias exógenas, se les planteaban serias dificultades para cohesionar a la sociedad en una forma relativamente duradera porque lograr una verdadera integración les hubiera exigido tener una visión más abarcativa de las problemáticas nacionales. Entonces, en ese contexto de desarticulación social, donde se podía percibir cómo se trituraban muchos vínculos solidarios, un clima de desaliento cubrió a amplias capas de la población afectadas sensiblemente por el elevado nivel de pobreza y de desocupación. Asimismo, por la entrega de patrimonios nacionales decidida por las elites en aras de insertar al país, de una manera servil, en la nueva configuración económica mundial.
Para el final de la presente obra, dedicada a una rica expresión cultural que comprometió históricamente a diversos sectores de la población, se dejó un lugar privilegiado al papel que cumplió el fútbol en los últimos tramos del gobierno peronista que dirigió los destinos del país desde 1946 a 1955. Una de las características relevantes fue que sus altos dirigentes comprendieron pronto la importancia política de celebrar lo nacional tomando en cuenta a los sectores populares. El presidente Juan Domingo Perón asumió la representación de los trabajadores quienes mayoritariamente simpatizaron con el líder que cosechó durante su largo mandato conmovedoras adhesiones.

11 nov 2007

Capurana


Capurana es el primer libro de Julián Ponisio que reúne una poesía que late junto a la vida y los afectos cotidianos. Además, ofrece una visión que excede la frontera del barrio y la familia: describe paisajes de la Argentina marginada por el puerto y la Sudamérica que late desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego.
Sentimiento, homenaje, cordura, nostalgia y dignidad son palabras que resuenan en los poemas de Capurana que revitalizan la idea del hombre que construye, junto a los suyos, su propio destino. Porque, como escribió su autor en Carta a un compadre:
La distancia a veces se vuelve nuestra peor enemiga
Pero como me dijera un viejo sabio:
“Las almas, hermano mío, no van con el tiempo
crecen registrando los hechos”.
Todos guardamos en nuestro interior las huellas de nuestros encuentros.

La presentación de CAPURANA será próximo miércoles 14 de noviembre a las 19 en el Centro Cultural Raíces, Agrelo 3045, Balvanera, Ciudad de Buenos Aires.



Hormigas argentinas
En su lucha solitaria, las hormigas
Avanzan su clamor resplandeciente
Caminan, firme paso, contra el viento
Senderos transitados y ascendentes.

Moral alta y objetivos claros de furia
Sortean la altura y dimensiones
Y entre todos, sagrados y profanos
las hormigas imponen condiciones.

Revocan la esperanza ya perdida
Imploran libertad sin ataduras
Quebrando la distancia ya maduras
Irrumpen la ciudad adormecida.

Realizan ese sueño de conquista
las hormigas contra el águila del Norte
que sin someterse a las cortes
derriban la barrera imperialista.

He aquí, amigo mío
sinónimo de un cambio que avecina
Demuestran que se puede con empeño
Nuestras valientes “Hormigas Argentinas”.

“Hormigas argentinas invaden California”, Clarín 17 de mayo de 2000.


1 nov 2007

Centenario Homero Manzi

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Homero Manzi, poeta del tango e hincha de Huracán.
Les dejo una poesía del hombre que es esquina, justo, en San Juan y Boedo.

Palabras sin importancia
Escuchame, al pasar, como yo escucho,
la lluvia que murmura en la ventana,
pensando en algo que olvidé hace mucho,
entre las cosas de la vida vana.

Escuchame también como si oyeras,
esa canción que se enredó en tu vida,
y que vuelve de pronto sin que quieras,
y que es más triste cuanto más se olvida.

Y piensa que mi voz es tu voz misma,
y que murmuras lo que ya te dije,
y que mi vida se encuentra con tu vida,
y que estamos los dos un poco tristes.

Aquí estoy junto a ti, toma mi mano,
no me preguntes para qué he venido.
Piensa que soy tu amigo más lejano,
y que esta noche vuelvo del olvido.

Escuchame pensando que estoy lejos.
Nada acerca mejor que la distancia.
No te diré sentencias ni consejos,
nii escucharás mentiras ni alabanzas.

Escuchame, al pasar, indiferente,
como se escucha el ruido en la distancia.
Olvida las palabras que te cuente,
mis palabras no tienen importancia.

28 oct 2007

El boxeo, una pasión olvidada por los porteños

Pasiones privadas
El autor de Hotel Edén narra su afición al boxeo y lamenta que ese deporte, en otros tiempos parte de la vida social de Buenos Aires, haya perdido su prestigio
LANACION.com ADN Cultura Sábado 27 de octubre de 2007

7 oct 2007

Vélez-Tigre. DIERON TODO, PERO EL EMPATE NO LES SIRVIO A NINGUNO DE LOS DOS


Por Marcelo Massarino
Vélez mereció mucho más que un empate frente a Tigre porque dominó el juego a voluntad y dispuso de las mejores situaciones, pero careció de puntería en la definición. Además, el equipo de Ricardo La Volpe no liga y la suerte no lo acompaña. Por el contrario, sí la tiene el conjunto de Diego Cagna que aprovecha al máximo las escasas posibilidades de gol y mientras defiende con uñas y dientes el cero en su propio arco. Claro, no todo viene de la mano del azar sino que hay razones que explican el presente de ambos. Un Fortín alejado de la lucha por el campeonato e inmerso en una crisis futbolística que desencadenó la renuncia de su director técnico y un Matador que es animador y protagonista del Apertura, con una campaña excepcional gracias al carácter y la actitud que ponen sus jugadores, hasta hace poco desconocidos para el gran público.


Publicado en Diario Perfil, domingo 7 de octubre de 2007, sección Deportes, página 80.

3 oct 2007

BABEL


Por Marcelo Massarino

Miguel Russo tuvo durante años una obsesión con la historia del escritor ruso Isaak Babel que plasmó en una nouvelle. Antes publicó artículos en los que contó la vida de quien fue presidente de la Federación de Escritores Soviéticos y defensor de la revolución bolchevique, además de autor de grandes libros como Caballería Roja y Cuentos de Odessa. Babel fue detenido en 1939 y condenado a muerte por el stalinismo en 1940 bajo la acusación de “no escribir” y por actividades contrarrevolucionarias. Un pelotón de fusilamiento cumplió la sentencia que, en 1954, fue revocada con la intención de rehabilitarlo. Russo piensa y escribe los meses de Babel en la prisión de Lubianka y reflexiona sobre el sentido del arte, el compromiso y la libertad creadora. En las páginas de esta novela hay una mucho más que los últimos días de un hombre encarcelado y torturado a la espera del disparo final, también está la pintura de una sociedad y el clima político de una época que fue reverenciada por la militancia comunista.
El estilo de Miguel Russo es preciso, contundente y le sirve para alcanzar un objetivo: expresar con claridad la posición ética que debe guardar un intelectual con convicciones, alejado de dogmatismos y dispuesto a la crítica del poder de turno, una manera de debatir con el lector sobre el sentido de la revolución y de la vida al servicio de una idea.


Publicado en Revista Sudestada edición nº 63, octubre 2007, p. 17

Justo reparto. ENTRE EL PRAGMATISMO DE UNO Y LA FALTA DE IDEAS DE OTRO


Por Marcelo Massarino
San Martín es un equipo pragmático, acorde a los tiempos que corren donde las utopías cosechan pocas adhesiones. Lo concreto es que se llevó un empate de visitante frente a Colón, en Santa Fe, que lo aleja de la zona de promoción y se perfila cada vez más como un conjunto duro, áspero y difícil de vulnerar.

Publicado en Diario Perfil, domingo 30 de septiembre de 2007, sección Deportes.

23 sept 2007

Esta vez en San Juan. CUANDO MENOS LO IMAGINABA, A VELEZ LO LIQUIDARON OTRA VEZ CON EL TIRO DEL FINAL


Por Marcelo Massarino

Vélez Sarsfield otra vez sufrió el tiro del final y perdió su segundo partido consecutivo en la última jugada. El sábado pasado el verdugo había sido Racing. Ayer San Martín, en San Juan, le dio otro baño de realidad a este tibio equipo de Ricardo La Volpe, un entrenador que está en la picota después de caer en tres de las últimas cuatro presentaciones. Además, el conjunto de Liniers extendió la sequía de victorias como visitante, desde aquel uno a cero ante Colón en la fecha inaugural del Apertura. ¿Podrá el temperamental entrenador torcer la racha adversa y cambiar la opinión de los hinchas que le adjudican la responsabilidad no sólo de los resultados en contra, sino también de la falta de una identidad futbolística? La imagen de aquellos equipos arrolladores con técnicos como Carlos Bianchi, Marcelo Bielsa y Miguel Angel Russo contrasta con este Vélez que no impone condiciones al rival y es un cúmulo de buenas intenciones.


Publicado en Diario Perfil, domingo 23 de septiembre de 2007, sección Deportes, página 66


17 sept 2007

Ante un rival especial. HURACAN SUFRIO, PERO DISFRUTO DEL DULCE SABOR DE LA VENGANZA


Por Marcelo Massarino
En la primera victoria de Osvaldo Ardiles, el Globo se recuperó de tres derrotas seguidas y se sacó de encima una mochila pesada: ganarle al equipo que hace casi tres meses le postergó el ascenso en un partido más que polémico. Sacó claras ventajas en el juego, pero tras el descuento de los sanjuaninos se metió atrás y terminó apretado.

Publicado en Diario Perfil, domingo 15 de septiembre de 2007, sección Deportes, página 70

Ver nota completa en:

27 ago 2007

Ganó en Rosario. HURACAN, CON OFICIO Y CON LAS MEJORES INTENCIONES


por Marcelo Massarino*
Este Huracán de Antonio Mohamed tiene la marca registrada de la pelota contra el piso más una cuota de sacrificio que ilusiona a los hinchas que festejaron el triunfo frente a Rosario Central, uno a cero. Además, está invicto y tiene un objetivo: la permanencia en Primera, una meta modesta para su historia, pero importante para el presente de crisis del club. En Arroyito le bastó con las tareas de Sánchez Prette y Barrientos en la mitad de la cancha, más el oportunismo de Franco Mendoza que marcó el gol del triunfo cuando expiraba el primer tiempo. Enfrente hubo un Central desdibujado convertido en un manojo de voluntades.
Los Quemeros, que tienen los recuerdos a flor de piel guardan en la memoria un triunfo histórico en Rosario del Huracán Campeón del '73 cuando el domingo 6 de mayo goleó a Central 5-0. Ese día, todos cayeron bajo el embrujo de la gambeta de un chico que venía del ascenso y que marcó dos goles, uno de ellos, a los 44 del primer tiempo, tras un jugadón con Roque Avallay. La ceremonia del fútbol se completó con el aplauso unánime y la admiración de propios y extraños. Uno de esos hinchas, a la postre el canalla más famoso, Roberto Fontanarrosa, escribió 27 años después: "La hinchada de Central aquella tarde, tras el último gol de Houseman, se puso de pie y, simplemente, aplaudió".
Este Huracán no tiene estrellas pero su entrenador está moldeando un equipo que promete darles pelea a todos los rivales, se llamen como se llamen, y esta victoria lo demuestra. Todavía falta mucho, pero está en el camino correcto.

* Desde Rosario
Publicado en Diario Perfil, domingo 26 de agosto de 2007, sección Deportes, página 75.

3 jul 2007

El regreso del Clásico Huracán-San Lorenzo


(Por Enrique Escande*) "Dicen que me fui de mi barrio, pero ¿cuándo? Si siempre estoy llegando...", murmuraba Aníbal Troilo. Fieles a sus tradiciones, cuervos y quemeros rescataron el pensamiento de "Pichuco" y se disponen a reanudar una historia esencial en el fútbol argentino.

Una fecha antes de que terminara el último torneo Clausura, San Lorenzo se proclamó campeón y su gente salió disparada del estadio a celebrar. Miles de hinchas fueron presurosamente a reunirse a San Juan y Boedo a cantar, a gritar, a saltar y bailar. Al otro día me enteré de que un canal de televisión envió un móvil con cámaras y a un periodista al obelisco, para registrar desde allí la fiesta cuerva.

Error. A la media hora los enviados televisivos (de esos que, si los mandás a espiar tocan el timbre) encararon a toda velocidad por Cerrito, Lima, Independencia y no pararon hasta la Avenida Boedo. Minutos después el chamuyeta vociferaba frente al micrófono frases relacionadas con la identidad, el barrio, y la mar en coche.

Pocos días más tarde, Huracán obtenía el ascenso y los festejos tuvieron como centro de reunión y manifestación la Avenida Caseros. Hubo fiesta callejera, alegría cerca de los orígenes, aroma a barrio donde los malvones se aguantan el frío como en ninguna otra parte.

Me alegró esta circunstancia porque el fútbol recupera un clásico de rompe y raja, un derby (como dicen los ingleses) que mantiene su más pura tradición y que es la continuidad en el tiempo de los desafíos de barrio, de barrios pegados unos con los otros. Almagro, Boedo, Patricios y Pompeya para empezar, con sus prolongaciones en Barracas, Constitución, Caballito, Parque Centenario, Flores... Un fiestón que el fútbol añoraba y que "nuestro" fútbol se merece.

Recordé inmediatamente que hace años, en los tiempos en que las cantinas juntaban gente a lo loco cerca del Riachuelo, Boca celebraba los títulos en su barrio, donde montaba una especie de corso fenomenal, y que al otro día la televisión y los fotógrafos de los diarios iban a registrar imágenes de todo lo que se había pintado de azul y amarillo. Una verdadera fiesta "quinqueliana".

La modernización, entendida desde el empelotudamiento, llevó a Boca a organizar sus festejos en el obelisco, y ni hablar de River. No son de ahí, y pueden terminar no sabiendo de dónde son, si eso no ha ocurrido ya. Las fiestas populares en el mundo entero no son transferibles. A nadie se le ocurriría organizar el carnaval de Oruro en Potosí, a sacar de Sevilla a los seises, con sus zapatillas blancas de baile, y llevarlos en la Semana Santa a Madrid. A trasladar la feria romana de Porta Portese a Cinecittá.

A San Lorenzo lo sacaron a empujones de la Avenida La Plata y lo llevaron a la zona de Bajo Flores-Pompeya-Soldati, pero hace pocos días los cuervos (benditos cuervos diría Massa), tenían sobradas razones para celebrar y fueron al lugar al que tenían que ir, al que les ordenó el corazón. Al barrio.

Esta abrumadora muestra de coherencia se produjo también en las huestes huracanenses, y esto confirma que si Buenos Aires tiene un clásico tradicional, emblemático, puro, es el San Lorenzo-Huracán o Huracán-San Lorenzo. Por eso cobra relieve, por enésima vez, aquella frase que el gordo Troilo pronunció como la más maravillosa síntesis del porteñismo: "Dicen que me fui de mi barrio, pero ¿cuándo? Si siempre estoy llegando..."

El fútbol es un hecho cultural y debe tenerse en cuenta que, en nuestra sociedad, es indispensable la esencia que lo sostiene. Los argentinos interpretaron el juego en el último tramo del siglo XIX, y lo acunaron y arroparon con costumbres propias. Hay un fútbol argentino que, independientemente de técnicas y tácticas, sigue necesitando del potrero, de sueños y de respeto por las razones que lo han convertido en poco menos que una religión.

Si el club representa a un barrio y si los colores despiertan amores y pasiones no hay forma de trasladar esos sentimientos al Hilton. Es como poner un pickle en un bizcochuelo, o que hubiesen convocado los festejos en el obelisco.

Las celebraciones frente al monumento inaugurado en 1936, al que Gardel no conoció porque murió un año antes, han terminado generalmente con destrozos de faroles, vidrieras, contenedores de basura, plantas y algunas otras cosas. El fervor de los hinchas en San Juan y Boedo y en Caseros no fue motivo para que se destruyera nada.

Y ese es otro demoledor dato de coherencia. Nadie rompe el barrio o su casa. Festeja, gasta al rival, corea los nombres de los jugadores, manifiesta deseos inconmensurables de conquistas próximas. Esas son fiestas. Lo demás, cartón pintado.

* Periodista de la agencia de noticias EFE. Autor de Nolo: el fútbol de la cabeza a los pies (1992); La Viruta. Anécdotas del fútbol (1999) y Memorias del Viejo Gasómetro (2004).

25 jun 2007

Huracán volvió a Primera. CON LA MARCA REGISTRADA DE MOHAMED

El Turco, símbolo como hincha y como jugador, fue el artífice del regreso de Huracán al fútbol grande, tras la victoria de ayer ante Godoy Cruz 3-2 en Mendoza, con goles de Sánchez Prette, Milano y Gordillo. Hace un año, Mohamed estaba sin trabajo y sufría la pérdida de uno de sus hijos en un accidente mientras presenciaba el Mundial de Alemania. Por pedido del presidente Carlos Babington, se hizo cargo del equipo en reemplazo de Chiche Sosa y en una temporada lo llevó, del decimocuarto puesto en el que estaba, a Primera. Los mendocinos vuelven a la B Nacional.

MARCELO MASSARINO

Publicado en la edición impresa del diario Perfil, lunes 25 de junio de 2007, sección Deportes.
La nota completa en:
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0184/articulo.php?art=1849&ed=0184

20 jun 2007

Romancero de la melancolía


El poeta y escritor Carlos Penelas presentará su nuevo libro Romancero de la melancolía el próximo sábado 23 de junio a las 19, en el salón Geno Díaz del Centro Betanzos, Venezuela 1536 de la Ciudad de Buenos Aires. En la ocasión interpretará fragmentos del poemario el actor Onofre Lovero y actuará el Grupo de Música Tradicional de la Fundación Xeito Novo. En esta obra, que cuenta con ilustraciones de Juan Manuel Sánchez, Penelas recorre los climas y las imágenes de la inmigración, la pobreza, el trabajo y la dignidad como también la pertenencia a una cultura que sobrevivió a la persecución y el hambre: “… las voces de mis padres que viajaban hacia el lugar de la ausencia, hacia el no-lugar. Eran la prolongación de la aldea en un barco, sin raíces ni huellas, una errancia, una certeza inquieta en los entrepuentes; en realidad, en la bodega, debajo de la línea de flotación, en grandes dormitorios sin ventanas, sin ventilación ni luz, donde miles de hombres, mujeres y niños se amontonaban. ¿Cómo se llama? ¿Tiene familia aquí? ¿Es usted anarquista? ¿Es usted epiléptico? Se me prohibió nacer en el país de mis ancestros, hablar la lengua de mis padres; debía ser un fragmento de olvido y de memoria”. La lectura de Romancero de la melancolía es diáfana e invita a construir la historia en una polifonía con el autor que recorre lugares y tiempos tan dispares como conocidos por el dolor o la esperanza: “Pero el joven poeta ya había sido desnombrado otra vez –fotografías y cartas en sobres marrones eran de Ropavejero-, la letra menuda de Roberto Santoro en himnos combatientes, en gaviotas blindadas, en diarios secretos llenos de otros bosques, de otras voces…” Carlos Penelas nació en 1946, colaboró con el suplemento literario del diario La Prensa; desde 1995 hasta 2006 fue columnista de Galicia en el Mundo y en la actualidad lo es del diario Nueva Rioja. Publicó una veintena de libros de poesía y prosa como (1978), Conversaciones con Luis FrancoLos gallegos anarquistas en la Argentina (1996), (2003) y Diario interior de René FavaloroCrónicas del desorden (2006), entre otros. En el sitio de Internet http://www.carlospenelas.8k.com incluye algunos de sus artículos y poemas.

19 jun 2007

El secreto de la mirada

Es fundamental saber dónde clavamos la mirada. Es un aspecto decisivo para realizar un discurso en torno al objeto. Catalogar la diversidad de las cosas, de los hombres, de los afectos. Esto implica también una batalla con el lenguaje, con los mitos, con la raíces. Una batalla ideológica, si le parece, una expresión de las orillas, de los bordes, de los gestos que borran otras voces, otras miradas. Una aproximación continua a una lectura que se transforma en ejercicio crítico, en una confrontación que se reorganiza, se redefine. Debemos dejar a un lado todo hábito de percepción, de describir aquello que está gastado por el uso, por la costumbre, por la monotonía. Reitero, es fundamental saber dónde clavamos la mirada.

Es sabido que el talento no se fabrica, se lo tiene o no se lo tiene. Sí podemos encontrar, buscar caminos, descubrir desplazamientos. Todos tenemos una historia, una cultura que llevamos a veces de manera inconsciente. ¿Qué se enseña en las escuelas argentinas de nuestra historia, de nuestra literatura? Seré más preciso. ¿Qué sabe el chico o el adolescente de la ciudad de Buenos Aires o de la provincia de Buenos Aires sobre la historia, la cultura, de los pueblos del interior? ¿Qué referentes les llega de los pueblos indígenas, de los plásticos o poetas de esas ciudades o comarcas? Sin duda se colocaron escollos para una integración, o al menos, para comprender. No se puede comprender lo que se desconoce. Se entramparon conciencias. La inmigración se fue haciendo pero paralelamente se generó un pensamiento racista, expulsivo. No me refiero a los bolivianos, paraguayos o chilenos. Me refiero a nuestra gente del interior. Allí se esconden causas de discriminación, no sólo episodios de discriminación individual sino los más graves, los que conforman grupos sociales. Es solapado, vulgar, mediática. La globalización neoliberal fue modelando el racismo – venía de antes, venía de antes – de forma sutil o descarado. Fue creando sujetos atomizados en sociedades jerárquicas, autoritarias y mediocratizadas. Los programas de enseñanza están vaciados de verdadero contenido. Querido lector, se margina al hombre del interior. Debemos releer a Luis Franco y a Ezequiel Martínez Estrada.

En un libro que vale la pena consultar La miseria del Mundo, Pierre Bourdieu expresa que los “principios explicativos de las realidades observadas” no residen “en esos lugares por lo común olvidados que de tanto en tanto aparecen en el primer plano de la actualidad sino en la construcción social – o más precisamente política – de la realidad revelada a la intuición.” El problema, para llamarlo de algún modo, reside en las formas crecientes de pobreza material y cultural. Y aquí empezamos a clavar la mirada de otra manera, a comprender que quisimos decir desde el principio.

Para ser más confusos, para que la comprensión nos obligue a participar del texto, traeremos la palabra de Federico Fellini: “¿Qué es un artista? Un provinciano que se encuentra a sí mismo en algún lugar entre la realidad física y metafísica. Ante esa realidad metafísica somos todos provincianos”. Y unas líneas más abajo: “…pero es este entremedio que yo llamo provincia, este país fronterizo entre el mundo tangible y el mundo intangible, el verdadero reino del artista.”

Como puede observa, querido lector, le entregué varios planos, varios significados, diferentes apreciaciones. Le deseo lo mejor, hasta la próxima.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2007

www.carlospenelas.8k.com

1 jun 2007

Muestra "Homenaje a Roberto Santoro"


Una muestra en homenaje al poeta y periodista desaparecido Roberto Santoro, con obras del artista plástico Pedro Gaeta, se realizará en la escuela de periodismo TEA y DeporTEA entre el 4 y el 25 de junio. La exposición se podrá visitar de 10 a 20, en Lavalle 2083, Ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita.
La exhibición contará con reproducciones de pinturas de Gaeta como la serie El Poeta Ausente, poesías del propio Santoro y textos de diversos autores como Humberto Costantini y Antonio Aliberti. La actividad se dará en el marco de los treinta años de su secuestro, un 1º de junio de 1977, a manos de un grupo de tareas de la última dictadura militar mientras cumplía funciones de preceptor en la Escuela Técnica Fray Luis Beltrán.
El cierre será el lunes 25 a las 19:00 cuando la escritora Lilian Garrido y Gaeta se referirán a la obra de Roberto Santoro y sobre la reedición de Literatura de la pelota, una compilación que, publicada en 1971, tiene su segunda edición a cargo de Ediciones Lea. Paula Santoro leerá poemas de su padre, creador del Grupo Barrilete y autor de A ras del suelo (1971), Desafío (1972), Poesía en general (1973), Cuatro canciones y un vuelo (1973) y No negociable (1975).

* La imagen es una pintura del artista plástico Pedro Gaeta, de la serie El poeta ausente (1979). Propiedad: Cristinne Gerbal. Más información en www.pedrogaeta.com.ar

30 años de la desaparición de Roberto Santoro. CARLOS PATIÑO: “CON BARRILETE SACAMOS LA POESÍA A LA CALLE”


Buenos Aires, 31 de mayo (Por Marcelo Massarino (*), especial para ANC-UTPBA).- “Nosotros queríamos poner en marcha el principio surrealista de sacar la poesía a la calle, que saliera del salón para que llegara al pueblo ¿Cómo lo logramos? Al principio con poemas más o menos espantosos. Nos decían que tirábamos ladrillos florecidos. Íbamos a los mítines, a las concentraciones, leíamos poemas en universidades y sociedades de fomento. Porque había una poesía sin pueblo y un pueblo sin poesía”, asegura el poeta Carlos Patiño, integrante del Grupo Barrilete junto a Roberto Santoro, a quien recuerda como “un generador, un tipo con una fuerza interior poco común.”
Pocos días antes de partir al exilio en México en junio de 1976 -después de firmar un pedido por los escritores desaparecidos que el titular de la SADE, Horacio Esteban Ratti, le entregó al dictador Jorge Rafael Videla el 19 de mayo de ese año- Patiño le pidió a Santoro que se fuera. “Esta guerra está perdida. No vamos a poder enfrentarlos, nos van a matar a todos. Cuando vengan ¿con qué les vas a tirar? ¿con libros? Te van a ir a buscar y te van a matar. Pero para Roberto su lugar estaba en el país y que pasara lo que pasara, se iba a quedar en su puesto de lucha. Consideraba que la situación era peligrosa pero que con cuidado se podía trabajar. Ya en el exterior recibí dos o tres cartas muy breves y sin remitente. Hasta que un día no hubo más cartas ni Santoro”.
“Éramos de la generación del sesenta, luchadores sociales en todos los terrenos contra el colonialismo cultural y por la liberación nacional y social”. En ese marco, la producción de revistas, carpetas con poemas e ilustraciones, libros e informes de Gente de Buenos Aires fue prolífica. Los Informes sobre Discépolo, la Esperanza, Santo Domingo, Lavorante y Trelew, entre otros, son una muestra de la dinámica de la poesía de aquellos años.
“Hacíamos una suerte de periodismo poético”, explica Patiño. “Cuando trabajas en un diario el jefe de redacción te pide una crónica. Nosotros hacíamos lo mismo pero el producto era un poema sobre un acontecimiento que recién se producía, le dábamos un enfoque distinto que le otorgaba otra dimensión a la noticia. Nuestra consigna era ‘¡para mañana, un poema!’, que a la noche siguiente se leían y seleccionábamos”. Reconoce en Roberto Santoro a quien más rápido se adecuaba a este estilo de poesía urgente, de cierre de edición.
Como parte del Informe sobre Santo Domingo, por la invasión norteamericana a la República Dominicana, Humberto Costantini escribió el Yanquis hijos de puta y Patiño incluyó Oración, que motivaron una declaración del Canciller de turno y una misa de desagravio a la Virgen María, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “Esto demuestra –señala Patiño- que el grupo Barrilete sacó la poesía a la calle, mala o buena, mejor o peor, pero siempre ligera y rápida porque tenía que ser comprendida hasta por el más iletrado de los hombres. Nos imponíamos incorporar el lenguaje coloquial en los trabajos, pero no con la intención de revolucionar la poesía. Simplemente, queríamos sacarla a la calle.”
Carlos Patiño, quien en 1990 ganó el premio Casa de las Américas por su obra Esquinas silenciosas y en la actualidad dicta talleres literarios en la zona de Quilmes, con el oficio y la paciencia de un artesano de la palabra explica el protagonismo que tuvo “la generación del sesenta” en la poética argentina: “hay una tentativa de aislar a los poetas productores de poesía política del resto de sus contemporáneos para dejarnos sin generación, porque la poesía del ‘60 fue un fenómeno amplio, con poetas que escribían como sentían, de los temas que sentían y en la forma que sentían.”
Recuerda una y mil anécdotas de su amigo y compañero que está presente en sus versos y en la plazoleta que lleva su nombre en el barrio de Chacarita. Va hasta la biblioteca y busca “un poema premonitorio” de Roberto Santoro, Canto a la esperanza: si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/ si un día se va,/ yo crucifico al amor/ y después de enterrar a mis hermanos,/ me voy con el tranvía de la muerte/ a clausurar mi corazón en una plaza.” (ANC-UTPBA).
(*) Periodista
La imagen es una fotografía de Roberto Santoro realizada por Juan Carlos Malieni en 1972.

21 dic 2006

El fútbol y las transformaciones del peronismo


El fútbol y las transformaciones del peronismo es un nuevo libro del sociólogo Roberto Di Giano en el que analiza la vinculación de este deporte en la Argentina y su relación con el movimiento creado por Juan Domingo Perón. Aquí reproducimos un fragmento del ensayo Fútbol Nacional y Popular, sobre el cual el autor señala en el prólogo que “en 1973, cuando el viejo líder asumió su tercera presidencia, irrumpió un imaginativo grupo de profesionales que conformó un conjunto emblemático como el de Huracán, prontamente enlazado con el proyecto nacional y popular del peronismo. La aparición de un equipo que supo rescatar de una manera dinámica ricas características de nuestra historia futbolística, no resultó ajena a los cambios culturales registrados en el contexto social más amplio”. Por último, un video con imágenes de aquel conjunto Campeón Metropolitano 1973 que dirigía César Luis Menotti y que formaba con los siguientes jugadores: Roganti; Chabay, Buglione, Basile y Carrascosa; Brindisi, Russo y Babington; Houseman, Avallay y Larrosa.

FÚTBOL NACIONAL Y POPULAR

Las esperanzas se doblan bajo los hechos
Manuel Ugarte
A principios de la década del 70 coexistían en el fútbol argentino dos modelos deportivos: el tradicional, forjado en las primeras décadas del siglo y pronto diferenciado del estilo inglés, y el que hizo su aparición en los años sesenta, según pautas modernas de valoración europea. Acorde con el clima de efervescencia social que se vivía en el país con el retorno de la democracia, apareció en escena un equipo emblemático como el de Huracán que, dirigido por Cesar Luis Menotti, revalorizó los bienes futbolísticos tradicionales, a tono con el proceso de cambio que se gestaba en amplias franjas de la sociedad argentina.

En 1973, el equipo de Huracán se distinguió en la Argentina no sólo por su buen nivel futbolístico, coronado al consagrarse campeón del certamen metropolitano, sino también porque muchos de sus integrantes se solidarizaron con el clima social de la época, centrado en el intento de desestructurar definitivamente las situaciones de dependencia. Eran tiempos en que se asistía a una fuerte presencia de los sectores populares que intentaban reivindicar su labor cultural autónoma luego del período de desintegración social, producto, en gran medida, de la modernidad dependiente que se trató de implementar en la Argentina.

Si bien en forma parcial, una manifestación cultural tan importante como el fútbol tampoco podía estar ausente de esa firme corriente de resistencia contra la reciente etapa de desnacionalización. Resistencia liderada políticamente por el peronismo, un amplio movimiento que resultó permeable a múltiples sectores, deseosos de encontrar un espacio para expresar sus posturas antiimperialistas.
El estudio de ciertos aspectos de la biografía de Menotti, líder indiscutido de aquel grupo de futbolistas, nos brinda algunos indicios acerca de las modificaciones sociales que se fueron produciendo en la Argentina, desde la euforia contestataria de 1973, luego teñida de confusión y sectarismo, hasta su desarticulación definitiva en marzo de 1976. Es importante recordar que Menotti fue modificando sus posturas con el correr del tiempo, especialmente a partir del último tramo de 1974, cuando pasó a desempeñarse como entrenador de la selección nacional de fútbol.

No cabe duda que la biografía de una persona se inscribe inexorablemente dentro de los grandes vaivenes de la sociedad en que vive. Pero también ocurre que, tanto por características personales como por diversas circunstancias, hay individuos cuyo destino corre en forma paralela a los sucesos históricos con más facilidad que el de otros. Es decir, son sujetos que terminan adecuando sus propias iniciativas a determinados momentos históricos y sociales por los que atraviesa su país
[i].

Un objetivo primordial: la liberación
La necesidad de comprometerse con el tiempo político, un signo fuerte de la época, se añadía al rol específico que desempeñaba Menotti dentro de la esfera deportiva. Esa coincidencia quedó expuesta, entre otras cosas, en la solicitada de apoyo al peronismo que firmó junto a varios integrantes del plantel de Huracán. Allí se pronunciaban tanto por una práctica deportiva que tuviera más en cuenta las demandas de los sectores populares como por brindar su apoyo a aquella consigna que denunciaba la existencia de países imperialistas y países dominados: "liberación o dependencia
[ii]."

En esa época, el director técnico Menotti, que se distinguía por su nivel cultural y su índole polémica, demostraba un gran sentido libertario
[iii], apuntando a lograr en su equipo una primacía de la espontaneidad en detrimento de la organización, la creatividad en perjuicio de la enajenación: "... No me convence mucho eso de 'imponer disciplina' en el plantel. Me suena a régimen militar y el fútbol es otra cosa (...) En todo caso, lo que me preocupa, es contar con gente que sea honesta y no mansa por temor a los castigos...”[iv]
El entrenador del equipo de Huracán intentaría con éxito infundir hábitos consensuales en sus dirigidos, a expensas de la coacción exterior. De esa manera, el tipo de vínculo basado en una férrea disciplina, propio del proceso de modernización de los años sesenta es sustituido por el de la camaradería, y los aspectos afectivos vuelven a tener sentido. El jugador deja de percibir el peso de la autoridad para convertirse en un compañero, el compañero, en un amigo: "... El plantel tiene que vivir la amistad; que el marcador de punta no haga un cierre por obligación, sino para cuidar la espalda de un amigo…”[v]

La forma en que se relacionaban los diversos integrantes del grupo durante esta verdadera primavera futbolística, basada en el altruismo y en la solidaridad, estaba indefectiblemente destinada a favorecer el bien común.

Criterios éticos y estéticos
Tal estructura futbolística que rescataba los rasgos singulares de nuestra cultura, junto al valor primordial de la libertad, recuperaba también la belleza y una rica gama de sentimientos, revitalizando lo perdido en la década del sesenta merced a esa supuesta modernización de un valioso patrimonio cultural de los argentinos. En aquel plantel dirigido por César Menotti primaban los jugadores afines con la estética tradicional de nuestro fútbol, que había estado basada tanto en el virtuosismo técnico como en el recurso de la picardía.

Una vez más, en los campos deportivos de nuestro país, resurgieron muchos elementos que implicaban, en buena medida, un rescate de ricas características propias, despreciadas por los agentes modernizadores del fútbol argentino, fascinados por los "adelantos" conseguidos en los países europeos. Aquellas formas originales del pasado habían sido relegadas por el crecimiento exagerado de la organización y los planteos tácticos desde los tempranos años sesenta. Y precisamente con este rescate de valiosas tradiciones futbolísticas, llevado a cabo por el equipo de Huracán, tendieron otra vez a dejarse de lado las ataduras inútiles impuestas a los deportistas, que ahogaban las motivaciones hedonistas y restringían el espacio de lo lúdico.

En varias ocasiones, los aplausos de las hinchadas contrarias, superando el sinsabor de la derrota, demostraron la aceptación unánime de los rasgos que significaban una recuperación de lo propio. Un carácter menos previsible en el trámite de los partidos, ya que lo fundamental quedaba librado a la espontaneidad e improvisación, daba al juego ese encanto especial de la sorpresa habilidosa.
[vi]
Este tipo de práctica deportiva habitual en el plantel de Huracán pudo construirse con aquellos elementos que desde los inicios de la década del sesenta sólo habían podido expresarse en forma solapada. El estilo histórico, trunco por el imperativo de una modernización de raíces exógenas, seguía despertando orgullo en los aficionados argentinos (sobre todo ante un componente clave como la gambeta que evoca en el imaginario popular el triunfo del astuto frente al poderoso). Un modelo futbolístico que pudo instaurar fuertes lazos entre las disposiciones éticas (libertad para crear, imaginación y solidaridad para favorecer las identidades individuales y colectivas) y las estéticas (vinculadas a las mejores fuerzas de la cultura popular: la destreza pícara y la alegría).

Modelo deportivo y proceso social
En 1973, cuando se encontraba al frente del equipo de Huracán, César Luis Menotti compartió esa rica experiencia creativa con sus dirigidos. Al mismo tiempo, el exitoso entrenador se mostraba solidario con el clima de radicalización política y social de la época, motorizado principalmente por la juventud, compartiendo así una identidad de propósitos ligados a un programa de liberación nacional.
[vii]

En ese contexto, Menotti juzgaba en tono muy crítico las concentraciones impuestas por muchos de sus colegas con la intención de controlar a los futbolistas, por consideradas contraproducentes desde roda punto de vista: "Nunca me gustaron las concentraciones. Ni para antes ni para después de los partidos. Y mucho menos cuando son demasiado prolongadas... "
[viii]

Tal posicionamiento crítico con respecto a las concentraciones
[ix], se complementaba con su terminante rechazo al criterio que ponía a la selección nacional por encima de los intereses y expectativas de los diversos clubes del país. Para César Luis Menotti se debía privilegiar la dimensión interna que atendía más directamente las demandas populares (de donde emanaba la mayor legitimidad de su estilo), subordinando las competencias internacionales a un segundo plano. De allí que Menotti expresara sus reparos sobre las actitudes sostenidas por Enrique Ornar Sívori, entrenador contratado por la Asociación del Fútbol Argentino para dirigir el destino de nuestra selección: "Yo no tengo nada en contra de Sívori, pero (...) le quita a los clubes, principales protagonistas del fútbol argentino, un arma fundamental como son los jugadores…”[x]
Pero los argumentos esgrimidos por Menotti para descalificar totalmente tanto las concentraciones prolongadas como la subordinación de los distintos equipos a las necesidades de la selección argentina, iban mucho más allá de las cuestiones deportivas. Apelaba a la problemática social, asunto sumamente sensible para vastos sectores de la clase media, que celebraban su acercamiento con los sectores populares: "... en el país hay cosas mucho más importantes que gastar en una concentración de jugadores durante tres meses. . . "[xi]
La afirmación de ese modelo deportivo, que tendía a fomentar una participación más directa de los sectores populares al centrar sus esfuerzos en la escena local, ostentaba los rasgos más singulares de nuestra cultura: por excelencia, los elementos dinamizadores de cualquier sociedad. Ese modelo de signo creativo, interesado en un desarrollo futbolístico más autónomo y autóctono, presumía un alto grado de correspondencia con el paradigma de la época: una perspectiva ideológica asumida por el movimiento peronista, con énfasis en la afirmación de un proyecto de fuerte sentido nacional, que había despertado las esperanzas y la generosidad de múltiples sectores sociales. Es evidente, entonces, que las modificaciones producidas tanto en la práctica futbolística, con epicentro en el Huracán liderado por Menotti, como en los modos de percepción y evaluación del público, no eran ajenos a los cambios culturales ocurridos en el contexto social más amplio.
Notas
[i] Es muy probable que si buceamos en los distintos ambientes de la sociedad argentina de aquellos tiempos nos encontremos con muchos personajes que, habiendo adquirido una importancia similar a la de Menotti en sus respectivos contextos sociales, participen, con diferentes matices, de sus caracteres particularmente esenciales.

[ii] El texto completo de la solicitada puede hallarse en el diario Clarín, 9.7.1973. p. 39. Precisamente, uno de los firmantes de esta solicitada, el defensor Jorge Carrascosa, consecuente con esta línea de pensamiento que abogaba en favor de un compromiso más serio del futbolista, el compromiso de ser solidario con la lucha de los sectores populares por el logro de una mayor autonomía en el plano económico y cultural, afirmaba meses antes lo siguiente: "... a mí me importa ser protagonista de mi tiempo. tornar parte (...) Entonces necesito documentarme, conocer a mi país..." (El Gráfico, 10.4.1973.)

[iii] Es importante aclarar que ésta es una posición diferente de la que sostuvo cuando pasó a desempeñarse como técnico de la selección nacional.

[iv] El Gráfico, 1.5.1973

[v] El Gráfico, 1.5. 1973

[vi]Vale mencionar que lo acontecido con el club Huracán en 1973 desbordó ampliamente el hecho deportivo en sí, despertando el interés de periodistas que habitualmente no se dedicaban a cubrir dicha actividad. Reneé Salas comenta que vivió una experiencia inédita cuando la redacción de la revista Gente y la actualidad, producida por Editorial Atlántida, le ordenó cubrir el última partido disputado por el equipo dirigido por el exitoso director técnico Menotti en Parque Patricios, "un barrio de casas /lajas. calles arboladas y vecinos que dialogan diariamente" (Gente y la actualidad, 11.10.1973).

[vii] Al respecto, Amílcar Romero comenta que Huracán se coronó campeón cuando todavía faltaban algunas fechas y en "la consiguiente invasión al campo hay algunos contingentes cuyas pancartas los identifican como pertenecientes a Montoneros” (Amilcar Romero, Deporte, violencia y política (crónica negra 1958-1983), CEAL, Buenos Aires, 1985, p. 83)

[viii] El Gráfico, 1.5 .1973

[ix] Es bueno aclarar que el sentido libertario de Menotti era compartido también por otros integrantes del plantel de Huracán que, por ejemplo, quedan desligados del seleccionado nacional por no soportar las concentraciones prolongadas y el esquema represivo que allí impera. Uno de ellos, el jugador Francisco Russo, lo testimonia de esta manera: “… desde chico no me gusta el encierro. No me acostumbro (…) Debieron tratarme con calmantes y ni con eso me pasaron los problemas…” La Nación, 9.7.1973, S 2, p 2
[x] La Nación, 9.7.1973, S 2, p. 2

[xi] La Nación, 9.7.1973, S2, p. 2

El fútbol y las transformaciones del peronismo.
Editorial Leviatán. Colección El hilo de Ariadna.
Noviembre 2006. Ciudad de Buenos Aires
www.e-leviatan.com.ar



18 dic 2006

Mané

Por Carlos Ferreira*De una buena vez debo decir que yo lo vi. No por televisión. No desde una tribuna. No desde una platea. No viéndolo a través del relato de alguna voz radial. No. Lo vi muy de cerca. Fue una vez sola y el recuerdo es como un resplandor, una memoria hecha sol. Sabía quién era Garrincha, sabía que le decían Mané y que había hecho maravillas en el Mundial de 1958, pero lo que no sabía era qué se sentía viéndolo como lo vi, en la canchita de su club, Botafogo, en el barrio del mismo nombre, en Río de Janeiro. Un estadio que mi memoria cree parecido al de Argentinos Juniors, el de Jonte y Bermúdez.
Tenía quince años. Era un pibe argentino que vivía en el barrio de Botafogo. Un domingo saqué la entrada y me metí entre el gentío de hinchas blanquinegros esperando la salida de los equipos aferrado a alambre, a un metro de la línea lateral. Y tuve mucha suerte, porque en el primer tiempo de aquel partido entre Botafogo y no importa qué otro, el señor Garrincha, puntero derecho, jugó por ese sector. Y esto quiere decir que después de cada absurdo que inventaba, yo lo veía volver caminando, mojado en transpiración, chuequísimo, mulatísimo, paseando por la raya, cruzándose con el juez de línea como si se tratase de una calle de Río, en silencio, simplemente esperando la pelota, una pelota que, yo sentía, Mané estaba convencido de que llegaría solita. Ella no podía vivir sin él. Creo que lo amaba.
Yo quería seguir viendo eso. Entonces, cuando terminó el primer tiempo, gasté los quince minutos del descanso en recorrer los estrechos pasillos de la cancha de Botafogo para verlo del otro lado. Empujé ("da licenca, faz favor", "disculpe senhor", poniendo mi mejor acento carioca), empujé y me hice un lugar otra vez en el alambrado. Porque ahí pasaba todo lo que había que ver. Mané, el que tenía muchos pajaritos en el patio de su casa y en el patio de su cuerpo, la cabeza. El que felizmente estaba lleno de pájaros. El que fue muy rico y murió muy pobre, el que amó, como acaso amen los pájaros, a la pelota ya la cantante Elsa Soares.
Esa tarde hizo lo suyo. Fue feliz, se le notaba. Su marcador fue infeliz y también se le notó. No podía con él, era inútil, no había cómo y ahora tampoco hay forma de explicar cómo hacía aquello, mezcla de candomblé, macumba, samba y bendiciones de algún dios orixá. Sin la pelota no era nada, como fue nada cuando Elsa se le fue. Cuando se quedaba sin amor era un pajarito incapaz de cantar. Pero con ellas, Mané, ese mulato analfabeto, favelado, capaz de comprar un reloj de latón amarillo por tres mil dólares, con ellas era el Carnaval carioca, era bossa nova y bossa velha, era Dorival Caymi, Ary Barroso, Chico Buarque, Alcione. Como todos, yo también, al terminar el partido, mientras Garrincha caminaba hacia el túnel, le grité: "¡Oh Mané!'', como si fuera el final de una oración pagana.
Levantó la vista, levantó la mano, sonrió. Él no me vio. Yo sí.

* Periodista. Autor de "A mi juego...", Ediciones La Campana (1983).Publicado en la revista La Maga, año 5 nro. 223, miércoles 24 de abril de 1996. Pg. 15

Un video con Garrincha en el seleccionado de Brasil durante los mundiales de Suecia '58 y Chile '62. El candombe que acompaña las imágenes es de Manuel Picón. Lo interpreta el cantor uruguayo Alfredo Zitarrosa.

24 nov 2006

Video "Pascual Pérez, un ejemplo peronista"


Está en línea el video Pascual Pérez, un ejemplo peronista, que analiza la campaña deportiva del boxeador y su vínculo con el movimiento político y social que nació el 17 de octubre de 1945.
El próximo 26 de noviembre se cumplirán 52 años de la obtención del primer título mundial que ganó un boxeador argentino. Ese día de 1954 Pascual Pérez, Pascualito, venció en Japón a Yoshio Shirai y se alzó con el cinturón de campeón en la categoría mosca.
Con guión y relatos de Marcelo Massarino e idea y producción de Tulio Guterman se puede visualizar y descargar gratuitamente desde el sitio de la revista digital Lecturas: Educación Física y Deportes:
http://www.efdeportes.com/efd103/pascual_perez.htm.
Para más datos, click en: http://www.efdeportes.com/dvd/pp.htm

26 jul 2006

HACIENDO SOMBRA. El boxeo en la literatura argentina


“...cuando se había acercado para verlo dormir, él se despertó. Fue un susto porque no hay que despertarlo cuando duerme, decía mamá, pero papá la apretó contra su pecho, que era grande y duro, y pregunto quien era él. ¿qué mierda soy?, fue la pregunta y Anadelia contesto que el mejor de todos porque era boxeador.”
Liliana Heker, Los que vieron la zarza

“La trouppe andaba de gira por el interior y el se pasaba las tardes encerrado en los cuartos desvencijados de tristes hotelitos de provincia (...), sin otro consuelo que el de desenterrar, de vez en cuando, el amarillento recorte de El Gráfico en el que aparecía su cara invicta y joven, al lado de la cara de Archie Moore.”
Ricardo Piglia, El Laucha Benítez cantaba boleros

“El ultimo match de la noche estuvo a cargo del santafesino Ricardo Minella y Jack Berstein, que también como el anterior fue una lucha de gran emoción, pues Minella, de mayor escuela y entrenamiento que su adversario, logro sacar ventaja en los tres primeros rounds, para ser netamente favorable a Berstein los dos últimos rounds, donde tuvo a Minella al borde del nocaut.
Pese a esta notable reacción de Jack Berstein el jurado acordó el triunfo de Minella, y si bien se escucharon voces de protesta en el publico, entendemos que el triunfo de Minella fue justo...”
Bernardo Kordon, Kid Ñandubay

“...las mujeres se sentaron cada una en uno de los amplios sofás de las salas y Riquelme fue hasta un mueble de donde sacó una botella y cuatro vasos:
-Esta noche voy al Luna –dijo, ¿no querés venir conmigo? Pelea Landini.
-Esta noche no, gracias –dijo él.
-Vamos a brindar por aquella trompada, ¿te acordás? cuando sacaste a Martínez entre las sogas con un gancho de zurda. Lucho se acordaba muy bien...”
Alberto Vanasco, Caída de un peso mediano
En la literatura argentina no es habitual encontrar autores que se hayan dedicado a escribir historias de boxeadores. Curiosamente esta situación se repitió cuando era un deporte de elite porteña y también cuando los sectores populares lo abrazaron como un recurso para ascender en la escala social.
La derrota es el estigma que el boxeador lleva consigo y el escritor abusa de esta situación para que el fracaso del final sea el golpe de knock out de su obra. Sergio Olguín lo corrobora en el prólogo de Cross a la mandíbula: “... lo que más ha atraído... es el boxeador derrotado. La relación existente entre la práctica del box y las frustraciones con las que vive el boxeador. Ya no estamos ante un Monzón victorioso alcanzando su momento de mayor esplendor, sino ante perdedores cansados de recibir golpe tras golpe.”
La pregunta que surge es ¿ a quién le importa la historia de un perdedor? Un hombre que interesa por la derrota es porque alguna vez trascendió la frontera del anonimato por una victoria. Para los escritores la derrota es funcional a la historia que construyen sobre el papel. Pero este esquema no se repite en el imaginario colectivo, porque en la memoria del pueblo permanece un Carlos Monzón jadeante, exhausto y victorioso, mirando a su rival desparramado en la lona y no el reo que es llevado esposado a la cárcel por el asesinato de su mujer.
¿Por qué los escritores toman el estereotipo del boxeador en el ocaso? Una respuesta es que el fracaso de un ídolo tiene la virtud de transformar esa historia en producto de marketing que agota varias ediciones. Todo acompañado por una crítica que destaca “el trasfondo social de la obra”. El círculo se cierra: el lector compra, se conmueve y llora. Un asesinato perfecto para el boxeador que alguna vez ganó pero que su victoria es censurada por la pluma.
En el cuento titulado “Los que vieron la zarza” la escritora Liliana Heker hace hincapié en la relación entre el protagonista, el boxeador Roberto Parini y su familia, en la que solamente su hija lo reivindica como un triunfador. Esa era la única victoria que quería Parini. No le interesaba ganar en el ring, aunque para la autora es sólo un detalle porque hay que ir rápido en busca del final trágico para humedecer las pupilas.
Ricardo Piglia en el cuento el “El Laucha Benítez cantaba boleros” narra la relación entre dos boxeadores, El Vikingo y El Laucha Benítez. El primero fue un discreto peso pesado que tuvo su momento de gloria cuando siendo sparring del gran campeón mundial Archie Moore, le aguantó tres rounds al hombre más fuerte del mundo. Ya veterano integró la trouppe de un circo y recordaba viejas épocas cuando ojeaba los recortes de la revista El Gráfico “en el que aparecía su cara invicta y joven, junto al norteamericano”. Ese era su orgullo, el pináculo de su carrera. Para Piglia mirar esos recortes amarillentos era sólo un “consuelo” y nos quiere tocar el alma diciendo con otras palabras: “El vikingo se la creyó, cree que es boxeador”. Por supuesto no le creemos ya que nuestro púgil termino de pie ante el campeón del mundo y ese fue su gran triunfo, aunque el autor lo soslaya y acomoda el texto para que pase desapercibido.
En “Kid Ñandubay” el escritor Bernardo Kordon cuenta la historia de un boxeador de origen judío, Jack Berstein que, como no podía ser de otra manera, es colocado en el lugar de los perdedores, de los que hacen el trabajo sucio y se llevan las monedas. Como los diecisiete renglones que Kordon le dedica al momento de gloria dentro de un cuadrilátero entre las ochenta y ocho paginas del cuento. Justo es reconocer que le concedió un mínimo elogio: Kid Ñandubay tuvo a su contrincante Minella “al borde del nocaut”. Recordemos que para Bernstein los recortes amarillentos de este combate conservaban el momento más heroico de su carrera deportiva. Pocas palabras en un cuento para el gran momento de la vida del boxeador.
Alberto Vanasco en “Caída de un peso mediano” describe el itinerario de un ex púgil arruinado por el juego e implicado en el asesinato de su representante, quien le niega dinero para una fija en el hipódromo. Es solamente un brindis el único momento que reivindica la victoria por nocaut de Luis Carrasco. Una alusión mínima para la mejor trompada de su carrera.
Es fácil, romántico y políticamente correcto escribir sobre la derrota del boxeador, más aún si se la asocia con el ser nacional y un periplo argentino de final incierto ¿Será porque los escritores creen en el destino trágico de la vida? ¿El único puerto posible para un cross de derecha es el mentón del protagonista? ¿Nunca veremos victorioso al antihéroe de nariz chata? El desafío está planteado. Segundos afuera.

Por Walter Marini y Marcelo Massarino

Publicado en la revista Séptimo Día. Año II. Septiembre de 2001.