2 abr. 2006

EL PERONISMO Y LOS DEPORTES PROFESIONALES


Este es un fragmento del ensayo publicado en El pensamiento alternativo en la Argentina del siglo XX - Tomo II. Identidad - Utopía - Integración Obrerismo y justicia social (1930 - 1960), Hugo Biagini y Arturo Roig (directores). Editorial Biblos. Buenos Aires, marzo 2006.

El peronismo realizó durante su gestión de gobierno (1946-1955) una actividad comprometida con el desarrollo integral del país no exenta de contradicciones ni de ciertos niveles de autoritarismo. Con una audacia poco frecuente dentro del orden capitalista determinó que la esfera de lo público avanzara decididamente sobre lo privado. Este nuevo partido político empezó a dar respuestas económicas, sociales y culturales que apuntaron al mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de los habitantes de la Nación. Concretamente se distinguió por rehabilitar, siempre con un sentido redimidor, a todos aquellos que sufrieron intensamente los tratos discriminatorios en el período signado por la restauración oligárquica.
El gobierno peronista participó del proceso mundial posterior a la Segunda Guerra consolidando el mercado interno y apuntando a forjar una identidad nacional que le otorgara al país una presencia más activa en el concierto de las naciones desarrolladas. Para ello intentó confinar las concepciones extranjerizantes en el pasado con el propósito de nacionalizar la vida social. Los discursos se articularon a partir de un colectivo, un “nosotros”, que congregaba básicamente a unos sectores populares con decidida voluntad de integración, distanciándose de otros tipos de construcciones realizadas en la Argentina. Se tejió una identidad que diferenció claramente a los adherentes del peronismo de un adversario interno relativamente debilitado luego de su reciente paso por el poder. La otrora poderosa oligarquía perdía capacidad de decisión ante el avance de la planificación estatal.
Como secretario de Trabajo y luego como presidente de la Nación, Juan Domingo Perón buscó permanentemente estrechar vínculos con la clase obrera. Durante su larga gestión los trabajadores experimentaron mejoras significativas en el salario y en el nivel de vida en general lo cual favoreció la comunicación entre ellos. El gobierno impulsó la actividad sindical aliada a las políticas del Estado y le abrió el camino de la participación a los nuevos sujetos que emergieron en las grandes ciudades con las migraciones internas y el desarrollo de la industria. No resultó sorprendente, entonces, que en el mundo popular el peronismo obtuviera apoyos sociales y electorales tan altos como duraderos.
Muchas de las transformaciones que tuvieron como destinatarios preferentes a los sectores populares fueron realizadas desde "arriba" y apoyándose en la figura centralizadora del líder político. Perón se vio favorecido porque se había expandido la creencia de que actuaba en nombre del “pueblo”, pese a que el gobierno en determinados circunstancias se manejó más en función de sus propias necesidades e intereses que los de aquellos que decía representar. Política, economía y promoción social constituyeron el paraguas bajo el cual se puso en marcha la locomoción de la sociedad. El Estado condujo la planificación económica y sostuvo políticas activas en diversos ámbitos de una manera relativamente coordinada, amparadas en un marco tan versátil como el de la "doctrina justicialista". Asimismo, los proyectos se transformaron ante las condiciones estructurales y en varias ocasiones se hizo sin pasar por debates internos.
La Fundación Eva Perón , aunque respondió a un formato jurídico privado, se convirtió en un organismo sumamente importante. Logró tejer una verdadera red de asistencia social a nivel nacional que completó el intenso proceso de movilidad social ascendente que impulsó el peronismo. Entre otras cosas, con dichas estrategias alcanzó una manera racional de controlar a los sectores populares y evitar la conflictividad social.

El papel del deporte
El peronismo ubicó al deporte en un lugar predominante de su gestión y para eso contó con actores racionales que planificaron diversos eventos. Incorporó así a miles de jóvenes a la actividad deportiva, además de fomentarse la creación y el desarrollo de instituciones de tal carácter. Asimismo, organizó competencias nacionales e internacionales como los Torneos Juveniles Evita, los Iº Juegos Deportivos Panamericanos de 1951 y el Campeonato Mundial de Básquet en 1950. Por otro lado, impulsó y subsidió la participación de deportistas argentinos en el exterior.
Juan Domingo Perón, conocedor de la importancia de los triunfos deportivos para fortalecer internamente a la sociedad y sostener el imaginario de una Argentina que aspiraba a un liderazgo continental, fomentó la competición de los representantes nacionales en los eventos más importantes . En cuanto a los destacados desempeños conseguidos tanto a nivel local como internacional, fueron generalmente interpretados como un importante aporte para el país, si bien algunas veces la misma rozó cierta ingenuidad. La ampliación de las actividades deportivas le sirvió a Perón, un hombre aficionado al deporte, para desarrollar una comunicación de signo particular con sus seguidores. En dicha esfera salieron a relucir otros aspectos del líder que se manejaba allí de una manera más informal, aunque generalmente dentro de un marco escenográfico planificado. Cuidar al máximo los detalles para seguir alimentando la dimensión carismática del presidente se hacia imprescindible para un movimiento sin tradición política y que no contaba con la simpatía de los grupos oligárquicos.

Roberto Di Giano y Marcelo Massarino.

Integrantes del Area Interdisciplinaria de Estudios del Deporte, adscripta al Programa de Investigación Desarrollo Sociocultural y Educación Permanente, dependiente del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. Facultad de Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires



1 abr. 2006

FILETE PORTEÑO NUNCA SE FUE DEL BARRIO. Prohibido en los colectivos en 1975, es pasión de jóvenes artistas.


Las primeras luces del día entibian la mañana. Entre la bruma, el amanecer señala una hora precisa. Para muchos hombres y mujeres es apenas un instante, un segundo multicolor que de verlo tanto y tanto, no lo ven. Los carros de lecheros y panaderos avanzan por Paseo Colón. La calle de tierra hace ir y venir los tarros desbordantes de leche fresca y las bolsas con pan crujiente en medio de un concierto de cascos. La música se mezcla con el silbido agudo del conductor. Hay que apurar el paso para cumplir con la entrega. Como todos los días. Como toda la vida. ¿Qué tiene un pobre más que su vida? Tiene un caballo y el carro donde además de la mercadería lleva todo lo que desea y quiere. Un día el fabricante de carros tiene que entregar uno a su cliente. Le pregunta a dos muchachos: ¿se animan a pintarlo? Ellos aceptan y sin que el patrón sepa deciden agregarle unos firuletes sobre las tablas laterales para darle un toque de color y alegría. Cuando el jefe ve “la obra” se agarra la cabeza: ¡el cliente me mata! ¡¿Qué les agarró, pibes?! Cuando el cliente pasa a retirar el carro, queda maravillado y sale a mostrarlo por las calles de Buenos Aires. Después no pasó un día sin que Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella tuvieran un carro para filetear. Fue a fines del siglo XIX.
El filete porteño es una marca registrada de Buenos Aires, “un arte esencialmente decorativo. Su temática es a la vez religiosa y pagana” tal la definición de Esther Barugel y Nicolás Rubió, autores de Los maestros fileteadores de Buenos Aires, un libro que editó en 1994 el Fondo Nacional de las Artes. La obra cuenta las historias de vida de los primeros fileteadores y el proceso de producción de la muestra sobre el género que organizaron los autores en la galería Wildenstein el 14 de septiembre de 1970. Además es un relato, con un amplio registro fotográfico, que rescata el trabajo de “hombres de otra ciudad de Buenos Aires, perdida dentro de la misma ciudad”.
Aunque las comparaciones son odiosas, todas las voces coinciden que el Gardel del filete es Miguel Venturo, Miguelito, “quien con sus creaciones y aportes de pajaritos, distintos modelos de variedad de flores, diamantes, dragones, gotas, con magistral ejecución” dio un impulso renovador. Otro gran maestro del pincel fue Carlos Carboni. Hizo verdaderas obras de arte en carros, chatas y colectivos. Fue famoso por su estilo con dragones cuyo secreto develó a Barugel y Rubió: “¿Ustedes se han fijado en las mayólicas del subterráneo de Buenos Aires? En la estación del Obelisco. Una vez pasaba por allí, por esa estación para ir a Quilmes, a la Cervecería, y vi unos dragones con una cola enrulada. Me detuve. La gente pasaba apurada para ir al trabajo. No tenía lápiz ni papel pero lo miré bien al dragón. Miré cómo venía el dragón y la cola también. Y le dije al dragón: ‘A vos te voy a hacer viajar en camión’. Y así fue”.
Hoy es Ricardo Gómez, en su taller del barrio de Mataderos, quien continúa a los 79 años con la tradición más difícil del oficio: el fileteado de carros que combina con la enseñanza y las pinturas que regala a sus nietos y una bisnieta de un año.
Una lista de algunos de los más importantes fileteadores incluye a León Untroib, los hermanos Carlos, Alfredo y Enrique Brunetti, Andrés Vogliotti, Juan Carlos y Roberto Francisco Bernasconi y Enrique Arce. También Armando Miotti, Luis Zorz, Alberto Pereyra, David Stamon y Martiniano Arce, entre otros.
Este arte, porteño por naturaleza, que los hijos de inmigrantes italianos y españoles perfeccionaron gracias al manejo del pincel y el esmalte sintético, comenzó en los carros hasta que las autoridades prohibieron la tracción a sangre. El progreso dio paso al colectivo, que fue el nuevo soporte que paseó al filete por el empedrado porteño, hasta que la ordenanza de la S.E.T.O.P. nº 1606/75 lo prohibió. “Tal vez esta desaparición parcial fue necesaria para que el fileteado comenzase a ganar otros espacios, ya que hasta ese momento era impensable sin el soporte del vehículo”, reflexiona el artista plástico Alfredo Genovese, de 41 años, quien recibió a Sudestada en su taller del barrio de La Paternal. “Nació como una práctica y sobrevivió por una costumbre. Es un hábito que se convirtió en arte”, agrega. En su Tratado de fileteado porteño, Genovese avanza en el estudio teórico del filete dentro de un panorama conceptual. Recuerda que las primeras críticas que recibió fue en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidano Pueyrredón: “mis compañeros decían que era una grasada y no lo tomaban en serio”. De la mano de Ricardo Gómez, Alfredo Genovese se perfeccionó en la técnica y logró incursionar en ámbitos ajenos al oficio como la publicidad, la imagen corporativa y el cuerpo humano como la campaña de la empresa canadiense Much Music, bajo el lema “De tu lado del mundo”, que incluyó el bodypainting en famosos como Charly García, Soledad, la Mona Giménez y Dante Spinetta, entre otros. Genovese considera al fileteado como un arte reciclado tomado de las grandes artes decorativas: “Los artistas copiaron y recrearon los motivos ornamentales que había en Buenos Aires y con eso hicieron un reciclaje de los bienes culturales de las elites hacia las clases bajas. Ornamentos en rejas, frisos y vidrios pasaban al carrito lechero. Plasmaban esta invención decorativa en las clases populares que no podían permitirse la casa con la gárgola”. También cree que es imprescindible incorporar la enseñanza del filete en los ámbitos oficiales de estudio y la creación de un museo.
El artista plástico Tata Moine trabajó con el fileteado “mezclado con otras técnicas y lo usé como un recurso”. Considera que el mundo de las artes visuales menosprecia al filete “por el uso del sintético que no es otra cosa que el óleo de los pobres. En este caso la pintura industrial funciona como una frontera cultural”, afirma en su taller de Villa Urquiza donde trabaja junto al grupo de arte El Colectivo. También egresado de Bellas Artes, Moine entregaba sus trabajos de estudiante con una escena enmarcada en un fileteado: “el docente Norberto Cuello me decía ‘ahí viene el que hace pop por, por porteño’”. Este plástico de 28 años incursionó con el filete sobre diversos soportes: en el inicio sobre tela, luego con tablas, carros, prensas de grabado, guitarras, teléfonos, biombos y hasta una heladera.
Después de más de cien años, esta técnica que nació orillera hoy es una moda que atrapa a jóvenes. Esto confirma que el filete no está muerto, está más vivo que nunca. Ayer fue el carro lechero, los camiones y el colectivo. Hoy los regalos empresarios, una gigantografía junto al Obelisco, el diseño de indumentaria, el tatuaje y la pintura sobre cuerpos. El filete estuvo y está entre nosotros. Como escribió una vez José Gobello conmovido por las obras de los hermanos Brunetti, Carboni, Untroib, Vogliotti y Arce en carros y camiones: “los ciegos vimos”.


Marcelo Massarino


Foto: Alfredo Genovese, Tratado de filete porteño (Gentileza A.G.)


Una versión reducida fue publicada en la revista Sudestada, edición nº 47, abril de 2006.

Ricardo Gómez. “SIENTO EL AROMA DE LA FLOR QUE FILETEO”


Nací un 5 de julio de 1926 en un corralón de la esquina de México y Boedo. De jovencito unos amigos me invitaron a un baile familiar en Mataderos donde conocí a una chica, María Celia, quien fue mi mujer durante 54 años. Tengo una hija y un hijo, cinco nietos y una bisnieta. A los 24 años un señor que reparaba carros vino al barrio y me preguntó si me animaba a filetear uno. Le dije que sí aunque no conocía la técnica. Me la explicó y pensé: “esto es una papa”. Cuando dibujé las hojas y las flores me picó el virus del filete. Así comenzó la historia.
Luego hice carros por mi cuenta. Visitaba los ranchos del Bajo Flores que tenían piso de tierra, pero donde dormía el caballo era de cemento y viruta. Llegaba con don Luis González que quemaba la basura de la Pirelli. Había gente como el Negro Verruga, Pólvora y Documento que en los remates de carros y caballos de Grippo se peleaban contra seis. Gente de muchas agallas, sin cuchillo y a trompadas. Documento tenía una gran habilidad para manejar los carros, atracaba una chata de cuatro ruedas de un tiro.
En los corralones había gente brava. Estaba pintando y de repente se peleaban ¡y no sabes cómo se daban!, ¡escuchabas el ruido de las trompadas..! En ese ambiente me hice. Allí guardaban los carros y en el fondo estaban las caballerizas. El tipo venía, desataba el carro y lo dejaba hacia arriba, entonces abajo había que hacer un dibujo para que se distinguiera de los demás. Para esa tarea copie a Carboni, a León, a don Federico, a los Brunetti y a Mario del Piero: los calcaba en papel, al otro día llevaba una chapa del mismo color del carro y tomaba los colores. Por eso trabajo parecido al maestro Carboni.
Con el tiempo se prohibió la tracción a sangre y comencé con el colectivo en las Carrocerías El Tigre, La Maravilla, San Juan, Ala y El Trébol. Los míos se distinguían por las flores. También llevamos los motivos del carro: la bandera enrollada, los moños, la decoración en los números y la letra gótica. Ahora hay un montón de muchachos que hacen tablitas, pero fileteadores porteños hay pocos, porque no saben lo que es un carro. Pintan muy bien porque son egresados de Bellas Artes, pero delante de un carro no saben para donde ir... El filete de hoy es como Piazzolla. El filete porteño se realiza solamente en carros porque ahí nació, después fue a la chata, luego al camión y al colectivo. Ahora está en todos lados. Alfredo Genovese mezcla Bellas Artes con el filete y se va... Pero es lógico porque los tiempos cambian, como el tango, como la vida… ¡Ojo!, a mi me gusta lo que hace pero yo no puedo salir de lo mío. Alfredo en sus libros habla de mi como su maestro y eso me gratifica.
Tomé la decisión de enseñar un día que en el taller alguien dijo “el día que se mueran estos viejos, se muere el filete”. Le conté a mi señora y me estimuló para que diera clases. El primer día que fui a un centro cultural de la Municipalidad, entré al aula y encontré a diez mujeres. Entonces pregunté: “Perdón ¿cocina?” Y me responden “No, filete porteño”. ¡Yo esperaba encontrar a tres o cuatro negros, nunca a mujeres..! Y tuve que aprender a hablar, porque el idioma del corralón es distinto.
Ahora mi vida es el taller, mis alumnos y algún carro que siempre tengo para despuntar el vicio mientras escucho unos tangos. ¿El filete es arte u oficio? Yo me siento obrero del pincel. A veces los jóvenes me preguntan cuándo uno es fileteador. La respuesta es sencilla: cuando sentís el perfume de la flor que estás pintando, cuando escuchas el relincho del caballo que dibujas, cuando hablas con la Virgen de Luján mientras fileteas su manto. ¡Ahí sos fileteador!

Testimonio recogido por Marcelo Massarino.
Foto: Buche de camion fileteado por Ricardo Gómez, publicado en Los maestros fileteadores de Buenos Aires, de E. Barugel y N. Rubió. (Gentileza E.B. y N.R.)

Dichos que van y vienen


Los dueños de carros, chatas, camiones y colectivos hacían filetear frases a las que Jorge Luis Borges llamó los “costados sentenciosos”.
* Feliz de Adán que no tuvo suegra.
* Si te gusta el durazno aguantate la pelusa.
* Lo mejor que hizo mi vieja es este pibe que maneja.
* Si querés uno igualito trabajá desde chiquito.
* Las suegras son unos ángeles cuando están en el cielo.
* Tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela.
* Vivir se puede, pero no te dejan.
* Si querés la leche fresca atá la vaca a la sombra.
* Los chicos son como las olas. Vienen, rompen y se van.
* Es mejor poner un pie en el freno que los dos en el cajón.
* Las mujeres son como el colectivo, no hay que correrlas, vuelven a pasar.
* Mi viejo no hace nada. Y yo le ayudo.
* La mujer que dice su edad es capaz de todo.
* No corrás, el tiempo no se acaba.
* Sonríe. Tu mujer me ama.
* Antes te soñaba, ahora no me dejas dormir.
* Chicas, si quieren jugar al prode, suban que les hago la boleta.
* ¡Gracias a los viejos!
* Si los cuernos fueran flores la ruta sería un jardín.
* Si su hija sufre y llora es por este pibe, señora.
* La madre es la única mujer a la que jamás se olvida
Palabras sobre ruedas, de Martiniano Arce (Ediciones Colihue)
***
* Miralo con asombro que Juan lo ganó con el hombro.
* Yo nací para el fango como Arolas para el tango.
* Tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
* No te apures que no es vals.
* Lo peor del cuerpo es la lengua.
* Por mi viejo la tengo, por mi vieja la doy.
* A la pucha, dijo el payaso, y le erró el manotón al trapecio.
* ¡Parece que no pero me va bien!
* No seré doctor… pero tengo dos chapas.
* ¿Me ves, mamá?
* La pianté del bulín porque se tomaba el agua del florero.
* Hay que endurecerse, pero perder la ternura jamás.
* Tengo cuarta y soy amigo.
* Con esta chata y mis nenas, a mi no me hablen de penas.
* En mi casa soy mandón… por eso duermo en el camión.
* Voy detrás de una ilusión.
* Guapo es el que labura.
* Sanan las cuchilladas pero no las malas palabras.
* Se doman suegras a domicilio.
* No llevo cargas grandes, chicas sí.
* Viva yo y el que me fía.
* Planchado de peatones.
* Beethoven no sé quién es, pero conozco a Gardel.
* Con el candil apagado no hay china que se vea fea.
Los maestros fileteadores de Buenos Aires, de E. Barugel y N. Rubió (Fondo Nacional de las Artes)
***
* Jesucristo es mi copiloto.
* Sencillito pero mío.
* Vos haces pinta con lo ajeno yo soy croto con lo mío.
Del libro Tratado de fileteado porteño, de A. Genovese (Ediciones del dragón)

Carlos Carboni, maestro del filete


Mayólica de la estación Diagonal Norte, línea A, subterráneos de la ciudad de Buenos Aires y dragón fileteado por Carlos Carboni que hizo inspirado en la cerámica.

Pinturas con filete, de Tata Moine



Tata Moine es artista plástico y pertenece al grupo de arte El Colectivo del barrio de Villa Urquiza, Ciudad de Buenos Aires.

bodypainting fileteado por Genovese



Dos trabajos de fileteado sobre cuerpo por el plástico Alfredo Genovese.

Un filete de León Untroib


Publicado en el libro Los maestros fileteadores de Buenos Aires.