29 jul. 2010

Opinión

Diez años sin Favaloro
El poeta y escritor Carlos Penelas escribió sobre el doctor René Favaloro, a diez años del suicidio del cardiocirujano. Penelas fue jefe de Relaciones Públicas, subdirector del Centro Editor y miembro del Comité de Ética de la Fundación Favaloro. En la revista Noticias su columna lleva el título "Decadencia e identidad"; también incluyeron su opinión el matutino Tiempo Argentino y el diario La Nación.
Para ver su participación en Canal 7 visite su sitio.
A continuación, el artículo que Penelas firmó para Nueva Rioja y Diario Crítico de Argentina.

27 jul. 2010

Folclore


Entrevista Eulogia Tapia. Hace 40 años, el Cuchi Leguizamón y Castilla le escribieron “La pomeña”, luego de un duelo de coplas.

*Publicado en el diario Clarín, martes 27 de julio, suplemento Espectáculos.

25 jul. 2010

Medios

El periodismo ¿es contar historias?

El diario El País, de Madrid, entrevistó a Bill Keller, director de 'The New York Times'.

Pregunta: El gurú Jeff Jarvis dice que los contadores de historias están acabados.
Respuesta: Me encanta Jeff, pero suele darse a grandes pronunciamientos. ¿Los contadores de historias acabados? ¿De verdad? Mira la lista de las noticias más enviadas de nuestro sitio web: las historias que la gente comparte son historias narrativas; y creo que cuanto mejores sean los dispositivos, más historias se podrán contar, el iPad no es el final, habrá mejores dispositivos para leer, más fáciles para el ojo, ilustraciones en colores maravillosos; creo que el periodismo narrativo tiene un futuro robusto, de verdad lo creo.

*La nota completa en la edición del 25 de julio.

21 jul. 2010

Revista Sudestada

Escritos
 
El escritor Rafael Barrett nació en España y adoptó al Paraguay como su tierra. Murió en 1910 con apenas treinta y cuatro años, aunque dejó una obra —como periodista y narrador— que es una referencia ineludible en Sudamérica.
 

El editor argentino Andrés Valle publicó esta recopilación con una parte de los artículos, cuentos breves, diálogos y epifonemas de Barrett que dan al lector una dimensión de su horizonte político y moral; de su sentido solidario y de la denuncia ante la injusticia. “Nos señala la falsedad de las cosas, lo que nos ha sido impuesto. Podemos afirmar que es un clásico, sin desmedro de la pasión o de lo imaginativo… La infamia que describe tiene vigencia hoy, aún convive entre nosotros”, afirma en el prólogo el poeta Carlos Penelas.
 

Textos como Mi anarquismo, El oro, El proyecto Ayarragaray, Insubordinación y Psicología del periodismo tienen de comienzo a fin una actualidad que obliga a su lectura, aun con los cien años de historia que traen consigo. Lo mismo sucede cuando analiza temas como la autonomía de la clase obrera y la explotación a los campesinos en los yerbatales. También se refiere a Tolstoi, Gorki, Zola, al idioma guaraní y el cinematógrafo.
 

5 jul. 2010

César Torres, filósofo

"En la tribuna los hinchas discuten intuiciones filosóficas"



Con la selección argentina eliminada del Mundial se abre un nuevo capítulo para reflexionar sobre Sudáfrica 2010. Lejos de la coyuntura del resultado César Torres analiza el certamen y la implicancia del nacionalismo en un mundo globalizado; reflexiona sobre los intereses comerciales y políticos que atraviesan el deporte; cuestiona la legitimidad de un triunfo obtenido mediante la trampa y considera que la tribuna es un lugar donde los hinchas debaten, en esencia, sobre filosofía y moral.


Por Marcelo Massarino. Fotos: Reinaldo Coddou H.

Las noticias sobre el Mundial de fútbol ocupan un lugar privilegiado en los medios de comunicación y los enviados especiales a Sudáfrica discuten hasta el hartazgo sobre diversos temas: ¿el equipo tiene que formar con tres o cuatro en el fondo?, ¿la pelota es imposible de controlar para los arqueros?, ¿quién paga el pasaje de los barrabravas?. A pesar de las horas de transmisión en vivo y de las páginas en diarios y revistas, es poco el espacio que se dedica a la reflexión y el pensamiento sobre el significado de esta competición. El filósofo César Torres tiene un punto de vista singular para analizar este certamen que disputan treinta y dos representaciones nacionales, en un contexto de globalización y con un fútbol transnacionalizado. Así, el sentimiento patriótico resalta la singularidad del imaginario de cada nación, en una disputa cultural contaminada por intereses comerciales y políticos que se dirime cuando la pelota rueda sobre el césped. Además analiza la importancia de Sudáfrica como país organizador, la necesidad de evitar la trampa para alcanzar la victoria y honrar la excelencia futbolística. Sostiene que la tribuna es un ágora donde los hinchas discuten intuiciones filosóficas.
Profesor de Educación Física y doctor en Filosofía e Historia del Deporte por la Universidad del Estado de Pensilvania y docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport), Estados Unidos, es compilador de los libros “Niñez, deporte y actividad física: reflexiones filosóficas sobre una relación compleja” (Miño y Dávila, 2008) y “¿La pelota no dobla? Ensayos filosóficos en torno al fútbol” (Libros del Zorzal, 2006). Torres es argentino, tiene cuarenta y dos años, y hace tres la Sociedad Internacional para la Historia de la Educación Física y el Deporte le otorgó el Premio Reinhard Sprenger Jr., un galardón que reconoce el aporte científico de jóvenes académicos. Actualmente es presidente de la Asociación Internacional para la Filosofía del Deporte (2009-2011).
Cada cuatro años y de la mano de la Copa del Mundo el hincha deja a un lado su club y alienta a la selección argentina. ¿Se trata de un sentimiento nacional único y compartido?
—Los mundiales de fútbol como también los Juegos Olímpicos se organizan en función del nacionalismo nacido a fines del siglo XIX y desarrollado durante el XX, por lo tanto un eje para el análisis es la construcción de la nacionalidad a través de cómo se concibe el estilo de juego propio. Los estados nacionales, por una cuestión de sobrevivencia, plantean una comunidad imaginada, cohesiva y coherente. Pero están los intereses políticos y comerciales claramente expuestos en las campañas publicitarias, en especial de la televisión, que inciden sobre cómo se concibe a la nación a través de la participación en este certamen. Siempre hay actores que tienen una mayor capacidad para imponer su relato en detrimento de otros.
En Sudáfrica participan países con identidades consolidadas y otros que la tienen en formación. ¿Se los puede analizar en un mismo plano?
—Hay elementos teóricos que son aplicables a todos. Según el concepto del historiador Benedict Anderson, que definía a la nación como una comunidad imaginada, todas las naciones tienen una narrativa sobre quiénes son y pretenden ser. Tal vez hay algunas que cuentan con un núcleo identitario más estable pero en todas es siempre fluida y en relación con el contexto histórico. Tomemos el caso de Grecia, que clasificó después de dieciséis años al mundial, ¿qué narrativa instalarán los medios hegemónicos?, ¿qué relato se hará en función del estado de la economía y la sociedad en medio de la crisis? Recordemos que el imaginario griego de nación tiene muchísimos años, milenios. Desde el punto de vista del estilo de juego el caso es interesante porque el director técnico es un alemán, Otto Rehhagel, en el cargo desde 2001 y ganador de la Eurocopa 2004; Grecia tiene una relación compleja con Alemania que incluye la emigración helénica tras la guerra civil de mediados del siglo pasado. Su estilo es rígido y no promueve un fútbol bonito, sin embargo después del título europeo los griegos aceptaron que así podían obtener resultados positivos, aunque no sea un juego del gusto de los hinchas pero hay un valor que consideran más alto: la nación representada por su selección.
Hay seleccionados con estilos arraigados por una tradición como el inglés que apelan a entrenadores extranjeros. ¿Por qué?
—Esto habla de la globalización de los recursos. Hay una fluidez que va desde las técnicas de entrenamiento, las tácticas y también de las personas que las llevan a cabo. En el caso de Inglaterra su director técnico es el italiano Fabio Capello, algo que plantea algunos cuestionamientos sobre la nacionalidad porque qué mejor que alguien propio para dirigir a la selección. Recordemos que el ingreso masivo de jugadores extranjeros a la Premier League es reciente porque fue una de las últimas ligas entre las más poderosas de Europa en aceptar la transnacionalización de los equipos, una consecuencia de la supercomercialización del deporte. Respecto de los entrenadores extranjeros, lo mismo sucede con Paraguay, Nigeria, Chile, Sudáfrica, Australia, Ghana, Camerún, Costa de Marfil, Suiza, Honduras y Grecia. Se ve con claridad la globalización que disemina diferentes ideas de juego que se cruzan y generan híbridos. Un ejemplo es España que tiene un fútbol bien plural que se nutre de diferentes tradiciones para construir o reconstruir una propia. Otro caso bien distinto es Italia que tras levantar la Copa en 2006 mediante su raíz histórica seguirá construyendo su relato de lo que significa jugar al fútbol desde el patrón que define su estilo, el catenaccio. Entonces, la manera esencialista de concebir la forma de juego del equipo nacional está en fluctuación. Pasa con Brasil y la Argentina. Desde un punto de vista puede ser un enriquecimiento pero están quienes consideran a este fenómeno una contaminación del estilo de juego propio que forma parte de la nación imaginada, a través del cual nos preguntamos quiénes somos y deseamos ser.
—¿El deportista registra estas cuestiones o sólo piensa en ganar?
—Está cruzado por estos relatos y esto trasluce en sus declaraciones públicas; en general tienden a apropiarse de esta cuestión de la nación y de que ellos la representan. Incluso hay muchos que explotan esta posibilidad en beneficio propio. Es llamativo cómo las compañías multinacionales y locales están presentes y se benefician con esta construcción de la nacionalidad por medio de las campañas publicitarias.