29 oct. 2008

HURACAN CENTENARIO

El 1º de noviembre el Club Atlético Huracán cumple cien años. Fundado en 1908 tiene una rica historia deportiva que nutre al fútbol y a la cultura de la Argentina. Símbolo de Parque de los Patricios, en el arrabal sur de la Ciudad de Buenos Aires, Huracán es sinónimo de tango, gambeta y pasión popular gracias a ídolos como Herminio Masantonio, Norberto "Tucho" Méndez y René Orlando Houseman, entre otros. Poetas como Homero Manzi y Julián Centeya caminaron el empedrado del barrio y escribieron versos con aroma a glicinas y pasiones de zaguán.

CIEN RECUERDOS PARA UN SIGLO DE VIDA

15 sep. 2008

Crónicas norteamericanas
Palin, la candidata de las ideas simples

Por Mario Diament

lanacion.com | Exterior | Sábado 13 de setiembre de 2008

4 sep. 2008

El tren bala y la efedrina

Por suerte todo esta como debe ser. Hay dinero de sobra en los bancos, los bonos crecen o están protegidos, la moneda extranjera es estable. En los restaurantes de Puerto Madero cuesta conseguir una mesa los fines de semana. Lo mismo ocurre en Palermo Soho o en San Telmo. Los centros comerciales son visitados de manera fenomenal. Los cines a pleno. El turismo resulta una bendición. No hay mayores conflictos, el clima últimamente es casi primaveral y las zanahorias han bajado de precio. El índice de inflación es relativamente bueno. Así lo indican los datos oficiales. Se habla de la crisis del federalismo pero para las autoridades no es así. Por lo tanto debe ser verdad. No existen la Triple A ni los comandos civiles. En los partidos políticos reina la unidad, la distensión y el diálogo sereno. Obama inició lo que parece un ascenso de un negro a la Casa Blanca. La burocracia del siglo XX en nuestro país está a punto de formar parte del pasado. El bucanero Marsans caerá de rodillas. El gobernador del Chaco, Capitanich, parece ser que sentenció: “Cuando Cristina visita nuestra provincia, sale el sol”.

La semana pasada presenté mi nuevo libro, Retratos, en la delegación de la Xunta de Galicia en Buenos Aires. Concurrieron alrededor de cien personas, entre los cuales había periodistas amigos, escritores y artistas plásticos. Tuve, además, el aval del Centro Betanzos de Buenos Aires. Ayer me informó la distribuidora que se vendieron veinticuatro libros para diversas universidades de EE.UU., uno para la Biblioteca del Congreso de ese país y otro para la Biblioteca Nacional de España. Aquí ninguna representación cultural se hizo presente. Ni adquirió un ejemplar. Ni siquiera lo pidió prestado. Bien.

Estuve viendo un documental aterrador. Sobre La Matanza , a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. La gente está mudándose a los basurales. Arrojan a cinco o diez metros los animales muertos, los restos de comida o suciedad y levantan su casa de chapa en unas horas. Chapa, madera y cartón. En la zona las infecciones de piel han aumentado. Ha aumentado el cáncer y los problemas renales y respiratorios. En los niños de cuatro o cinco años, en los hombres y mujeres. Hijos por todos lados. Hacen sus necesidades en tachos y luego arrojan sus heces al exterior, es decir a la otra parte del basural. Alrededor barrios enteros de miseria, ignominia y desamparo. Una encuesta que leí recientemente, de la UNESCO , afirma “que en el conurbano local tres de cada diez chicos, entre 15 y 20 años, piensa que en cinco años estará muerto o excluido”.

Según ciertas fuentes nuestro país estaría dentro del “sicariato”. Sí, caro lector, es un neologismo. Pues bien sería un país de sicarios, es decir de crimen por encargo. Al mismo tiempo informan que la pobreza y el crimen se entrelaza. La cantidad de villas miserias del segundo cordón ha crecido cuatro veces desde 2003. En un partido de la Provincia de Buenos Aires, San Martín, “se produce un robo cada cuarenta segundos”. La realidad es más imaginativa que cualquier ficción. No hay que recurrir a Dashiell Hammett.

He vuelto a ver Prisioneros de la tierra aquella película de Mario Soffici, de 1939. Estaba basada en cuentos de Horacio Quiroga. Le recomendaría a muchos caballeros que la vean. El resto, como dicen los muchachos que dominan doscientas palabras, “todo bien”.


Carlos Penelas

Buenos Aires, 4 de septiembre de 2008

15 ago. 2008

Diccionario del pensamiento alternativo


La Universidad Nacional de Lanús junto a la Editorial Biblos publicó el Diccionario del pensamiento alternativo, una obra dirigida por Hugo Biagini y Arturo Roig, que completa una trilogía que integran los volúmenes de El pensamiento alternativo en la Argentina I y II.
Para los directores “lo alternativo que supone cambio” tiene como “mira fundamental la dignidad humana, si bien no es ajeno a posiciones ideológicas, su contenido en ese sentido es fácilmente justificable por vía de una razón que no ignore los valores inalienables de lo humano”. Se trata de una obra “hecha y empujada desde la esperanza… de un mundo propiamente humano en el que todos, desde nuestra diferencia, sostengamos una palabra vigorosa y si viene el caso audaz y hasta utópica en su sentido fuerte, enfrentada al discurso vigente de los poderes opresivos y abierta a la voz del otro y sus necesidades, en procura de una solución a la problemática social. En fin, una palabra de combate, difícil pero siempre posible”.
Unos doscientos académicos e investigadores elaboraron más de doscientas entradas como agricultura orgánica, asambleísmo, cacerolazo, cartoneros, consumo solidario, “mandar obedeciendo”, moral emergente, rearme categorial, redes intelectuales y socialismo del siglo XXI.
Biagini y Roig se preguntan “si hay intelectuales que jueguen un papel alternativo y sean ‘orgánicos’ (según la terminología de Antonio Gramsci) en relación con sectores sociales emergentes o potencialmente emergentes. Y lógicamente que los hay”, es la respuesta. También sostienen que en el pensamiento alternativo hay una riqueza teórico-práctica frente al pensamiento único “como denomina José Saramago a esa mentalidad estrechamente vinculada con el tener en lugar del ser”.
Con este Diccionario del pensamiento alternativo se propuso “suplir la falta de un panorama sistemático que examine las representaciones y las sensibilidades progresistas contemporáneas, ante la compartida urgencia por valernos de nuestras tradiciones populares para enfrentarnos con un orden mundial como el presente, en el cual, a diferencia de otros momentos de mayor protagonismo social, se sostiene la imposibilidad de modificar sensiblemente la naturaleza de las cosas”.

Club Social y Deportivo -escrito por Roberto Di Giano y Marcelo Massarino- y Deporte Amateur, de ambos autores y Julián Ponisio, son las únicas entradas que se refieren a la temática deportiva.


CLUB SOCIAL Y DEPORTIVO. En los primeros años del siglo XX se generalizó una práctica entre los integrantes de los sectores medios y bajos de la población argentina que luego derivó en la creación de una red de instituciones que reuniría las actividades sociales, culturales y deportivas de diversas zonas de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. Tales entidades se diferenciarían de aquellas de carácter cerrado y discriminatorio construidas sólo por los miembros de la colonia británica y de la elite local. Los clubes sociales y deportivos fundados mayoritariamente por hijos de inmigrantes y nativos pertenecientes a los sectores populares se convirtieron en espacios destacados del mundo urbano donde se ejercitaba la democracia y se impugnaba al estabishment deportivo. Abiertos a todo tipo de público, permitieron la afirmación identitaria de sujetos sociales que no encontraban la posibilidad de afianzarse en el complejo universo social de la época, facilitando la integración de diversos actores dentro del lugar delimitado por el club así como también en un entramado social más amplio, donde se cruzaban amigos, familiares y vecinos en general. Conviene señalar que en las instalaciones de los numerosos clubes populares, cuyo objetivo principal aunque no exclusivo era la práctica del fútbol –un deporte de origen británico que fue resignificado positivamente por los estratos medios y bajos de la sociedad-, se articulaban las actividades recreativas y culturales de los barrios. Así, los clubes sociales y deportivos se sumaban a otros ámbitos relevantes de sociabilidad como las entidades educativas, los bares y la denominada “barra de la esquina”. (Fragmento)


DEPORTE AMATEUR. Resulta complejo distinguir claramente el deporte amateur del profesional y muchas veces paradójico pues sus límites son difusos y admiten contenidos contradictorios. Habitualmente, apelando a un reduccionismo, se pone el acento en la influencia negativa del dinero, al que se considera el principal contaminante de la mítica pureza del deporte.

Para superar a las prenonciones resulta particularmente fecundo analizar el fútbol argentino, que en 1931 experimentó el cambio de status deportivo. Con la llegada del profesionalismo se institucionalizó el pago de dinero a los futbolistas, práctica que hasta ese momento era ejercida en forma solapada, conocida como “amateurismo marrón”. Este mecanismo, puesto enmarca hace unos años, sirvió para retener a los jugadores talentosos cuando rentarlos no estaban aprobado por la superestructura jurídico-legal de las instituciones deportivas. Asimismo, la apropiación de la práctica futbolística por los sectores populares se inscribió en parámetros distintos de los utilizados por las elites que intentaron, por muchos medios, imponer a los demás actores una oral deportiva basada en la ejecución de movimientos medidos y estandarizados del cuerpo humano. De esa manera las demostraciones emocionales y sentimentales desde medidas, estrechamente relacionadas con la identidad cultural de los estratos medios y bajos de la población local, quedaron alejados de los ideales “civilizatorios” propios de la cultura deportiva anglosajona, sellándose así subjetividades diferentes. No es de extrañar, entonces, que a comienzos de la era profesional siguiera primando en los futbolistas, que ya cobraban formalmente, una mentalidad amateur asociada a lo lúdico y a una estética propia. (Fragmento)


http://www.editorialbiblos.com/inimodelo.php?modulo=detalle.php&idlibro=11591
http://www.cecies.org/proyecto.asp?id=47


14 ago. 2008

Lo dice el escritor irlandés Joseph O´Neill¿Los norteamericanos se miran el ombligo, también en el deporte?

Luego de escribir su último libro sobre cricket, el intelectual critica la sociedad de los Estados Unidos

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lanacion.com Cultura Miércoles 13 de agosto de 2008

10 jul. 2008

Con personajes de la cultura, la política y la vida cotidiana. CARLOS PENELAS PUBLICO SU LIBRO "RETRATOS"


Buenos Aires, 26 de junio (ANC-UTPBA).- "Retratos" es un nuevo libro del poeta y escritor argentino Carlos Penelas, editado por el Centro Betanzos y auspiciado por la Xunta de Galicia, que reúne perfiles de personajes que transitan la vida cotidiana, la cultura, la política y –fundamentalmente- el afecto compartido, el amor y la esperanza.

El autor explica que se propuso "recoger aquello que se encuentra al borde de la mirada, en el umbral de lo no visto. Me guía la intuición, un viaje solitario. Uno trabaja sobre imágenes hurtadas. Desde el sentido de lo armónico un proceso de condensación. Lo desunido –desde la poesía– conquista unidad. Sabemos que lo efímero tiene su instante metafísico, una simetría que se dispersa en lo nocturno, en el hábito de lo ausente que asigna valor a lo perdido; ritmo a lo perdurable".

Columnista de los periódicos Galicia en el Mundo, Nueva Rioja y Diario Hispano Argentino, Penelas articula una prosa precisa y emotiva con la que se refiere a Roberto Santoro, periodista desaparecido por la última dictadura militar, en "Poeta con flor en la oreja"; a la dramaturga Alejandra Boero en "Mujer en un andamio" y al artista plástico Máximo Paz en "Hombre en Hollywood", entre otros.

También rescata del anonimato a personajes entrañables de la ciudad de Buenos Aires como don Manuel Fernández Valle quien fue mozo del bar Astral, en la esquina de Viamonte y Rodríguez Peña, "que solía acercarse a la mesa con el puño de su mano izquierda en alto y la bandeja en la otra mano".

Hay, además, dos textos conmovedores: "Hombre anarquista con sombrero" dedicado a Enrique Palazzo y "Mujer con niño en el regazo" que recrea a doña Pilar Freire, nacida en Mesón de Cabra, una inmigrante española que se radicó en la Argentina sin olvidar nunca a su tierra (ANC-UTPBA).

http://www.voltairenet.org/article157535.html

20 mar. 2008

Arthur C. Clarke y el fútbol



Hay hombres que viven un paso adelante que el resto de los mortales o, tal vez, sólo se trata que sus pensamientos nacen y se reproducen, uno tras otro, hasta la última exhalación. Arthur C. Clarke, que murió ayer en Sri Lanka a los noventa años de edad, es un ejemplo de cómo una mente brillante también puede caer en las oscuridades de la perversión. Autor de más de 90 obras literarias fue un escritor de ciencia ficción y un reconocido divulgador científico. Anticipó en sus trabajos el fenómeno de Internet, la telefonía celular y el desarrollo aerospacial. Dos hechos lo catapultaron a la popularidad: la película 2001. Odisea del espacio, que dirigió Stanley Kubrick, en 1968 -basada en el cuento El Centinela-; el otro hito fue su participación en la transmisión de la cadena estadounidense CBS cuando la misión Apolo llegó a la Luna en 1969, tarea que repitió con las Apolo XII y XV. Recibió el título de Caballero del Reino Unido por su obra y sus servicios en la Real Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial, tras superar una denuncia de la prensa británica que lo sindicó como pederasta.

Un ligero caso de insolación es un cuento que Clarke publicó en 1958 y que, cincuenta años después, sorprende por su actualidad. Se refiere a la corrupción y la política en un país sudamericano con una mirada anglosajona que asocia a cualquier estado latinoamericano con un designio de país bananero. Clarke recurre al fútbol para referirse a la violencia que, tal como la sufrimos en la Argentina, poco tiene que envidiarle a la historia de esta obra. Hasta la Vista es una ciudad andina, capital de Perivia, enclavada a casi tres mil metros sobre el nivel del mar. Allí hay un estadio de fútbol, con capacidad para cien mil personas, que es escenario de un partido anual frente al seleccionado de la vecina república de Panagura. La mitad de los espectadores de ese trascendental clásico son miembros del Ejército periviano que, al toque de un clarín convierten en una pira de cenizas al árbitro del encuentro –que jugaba con un chaleco antibalas debajo del uniforme negro- después de varios desaciertos en sus fallos. Los militares usaron unos lujosos programas color plata –al estilo de las publicaciones que los clubes europeos entregan a los espectadores- para reflejar la luz del sol: “Nunca supe, hasta entonces, cuánta energía hay en la luz solar: en cada metro cuadrado de superficie iluminada hay más de un caballo de fuerza. La mayor parte del calor que caía sobre un lado del gran estadio fue desviado hacia la pequeña superficie que ocupaba el difunto árbitro. Incluso si pensamos en todos los programas que no apuntaban correctamente, el árbitro debe haber interceptado un calor de por lo menos mil caballos de fuerza. No puede haber sentido mucho: fue como si lo hubieran tirado en un horno. Estoy seguro que nadie, excepto don Hernando, sabía lo que iba a suceder, a sus bien instruidos fanáticos se les había dicho que el referí solamente sería cegado y puesto fuera de acción por el resto del partido. Pero también estoy seguro que nadie tuvo remordimientos. En Perivia juegan al fútbol con pasión.” Ya con un juez más dócil, el local remontó un par de tantos en contra con ¡catorce goles! No en vano el dicho dice que “el dos a cero es el peor resultado”.

Pero el cuento no termina ahí ya que tiene un epílogo acorde a un hombre formado en los valores de la monarquía parlamentaria británica, y digno de un scketch del Yéneral González –el personaje que parodiaba a un dictador sudamericano que lucía una banda cruzada al pecho como atributo presidencial con la leyenda “Tus amigos”-, que encarnaba el cómico Alberto Olmedo, en su programa televisivo “No toca botón”.

Los funcionarios que se encargan de la seguridad en el fútbol, especialmente el ex árbitro Javier Castrilli, deberían incluir entre sus hipótesis de conflicto que un día soleado y “apto para los deportes al aire libre”, se puede convertir en un infierno. Tal vez suceda cuando los barrabravas lean a Arthur C. Clarke y se digan que la realidad bien puede superar a la ficción.


M.M.

Jueves 20 de Marzo de 2008

Para bajar el texto del cuento "Un ligero caso de insolación" pulsar en: http://www.macrohw.com/archivos/libros/Arthur%20C%20Clarke/Arthur%20C.%20Clarke%20-%20Un%20Ligero%20Caso%20de%20Insolacion.pdf

Foto: http://www.newforestobservatory.com/wordpress/wp-content/gallery/peopleandplaces/ACC.jpg

19 mar. 2008

El último adiós


Desde hoy a las once y media de la mañana los restos del ex futbolista Darío Dubois descansan en el Cementerio de San Justo, en el partido bonaerense de La Matanza. Un centenar de familiares y amigos lo despidieron con un aplauso cuando el féretro quedó depositado en el nicho 7, galería C, fila 4º. Su hermano Rubén tenía entre las manos la camiseta de Ferrocarril Midland que Darío lució cuando convirtió el recordado “gol de la vida”. Fue durante un partido frente a Liniers, en el barrio de Villegas. El árbitro suspendió el encuentro cuando Darío quedó inconsciente tras un choque involuntario con un rival. Días más tarde el partido siguió e hizo el tanto del triunfo para el equipo de Libertad. Una historia más de las tantas que protagonizó este icono del fútbol del ascenso en la Argentina, ejemplo de entrega, sacrificio y compañerismo que será recordado como un hombre íntegro y de convicciones tan firmes como justas.

M.M.

Nota: la imagen corresponde a una nota del diario deportivo Olé, suplemento Ascenso, del domingo 9 de marzo de 2008.

17 mar. 2008

Murió el ex futbolista Darío Dubois


El ex jugador de fútbol Darío Dubois falleció ayer después de ocho intervenciones quirúrgicas con las que intentó superar un gravísimo cuadro producido por dos disparos en el estómago y una pierna, que recibió en la madrugada del domingo 2 de marzo, tras ser agredido por dos individuos en el barrio de Villegas, partido de La Matanza. Si bien fue socorrido de inmediato y derivado al Hospital Paroissien, no pudo con las lesiones que derivaron en un agravamiento paulatino que lo dejó en terapia intensiva y terminó con su vida.
Dubois tuvo una dilatada trayectoria en el fútbol del ascenso de la Argentina. Militó en Yupanqui, Atlético Lugano, Deportivo Laferrere, Ferrocarril Midland, Victoriano Arenas, Deportivo Riestra y Cañuelas.
Símbolo y caudillo en los planteles que integró desde 1994, su pérdida es sentida por sus ex compañeros, colegas, entrenadores, dirigentes e hinchas que lo conocían como una persona cabal e íntegra.
Hoy las 8 de la mañana los forenses realizaron la autopsia del cuerpo que no podrá ser cremado, como lo deseaba Dubois, por disposición judicial. Sus restos serán inhumados mañana a las 11.00 en el cementerio de San Justo.
Marcelo Massarino
Nota: la imagen corresponde a un artículo del matutino Crónica del 10 de marzo de 2008, página 11.
Vínculos:
* El diario La Voz del Interior, de la provincia de Córdoba, reproduce en su portal un cable de la agencia de noticias TELAM.
* Homenaje a Darío Dubois en el portal En una baldosa.

18 feb. 2008

El periodismo en tiempos del neoliberalismo: las cosas por su nombre

Durante la década de los 90, la flexibilización laboral en la Argentina fue presentada como la cirugía necesaria para salvar a un país enfermo por la desocupación, aunque después de casi veinte años el paciente continúa en estado crítico y con pronóstico reservado. Más allá de la metáfora médica, la derrota de las mayorías frente al liberalismo económico se dio en el plano de los derechos laborales, en la cultura y la política.

La represión sobre el movimiento obrero durante la última dictadura militar (1976-1983) tuvo en el menemismo la continuidad que cambió las reglas de las relaciones del trabajo, con el apoyo de gran parte de la dirigencia sindical que compartió el desguace de las empresas estatales, al tiempo que el aparato productivo se licuó con el dólar barato y las importaciones. Pero la flexibilización laboral y el liberalismo económico no sólo se palpa en los índices de pobreza y desocupación, también se percibe en el día a día de una sociedad que, en gran parte, compró una promesa y se quedó con las manos y el país vacíos.

En nuestro gremio cientos de trabajadores de prensa pertenecen a la categoría de “colaboradores”, especie de vendedores ambulantes de su fuerza laboral que envían sumarios y golpean puertas a la espera de una oportunidad. Bajo esa clasificación –una suerte de cuentapropista más cerca del desocupado que del profesional independiente– sale a ofrecer sus ideas y su producción al servicio de los medios, que disfrazan una relación laboral bajo el rótulo de una “prestación de servicios periodísticos”.

La realidad indica que la única libertad que tienen es elegir quién les pagará una suma irrisoria por su labor, al tiempo que la precarización –que en estos casos llega al paroxismo– se expresa de manera descarada. Nunca como hoy se confunde a la flexibilización con profesionalismo; a la baja remuneración y la evasión impositiva y previsional de las empresas con un trabajo que se presume como independiente; al aislamiento y la inexistencia de un ámbito en común con la prestación de servicios externos.

Las nuevas generaciones de periodistas se forman con estas categorías laborales y con sus significados travestidos que desvirtúan la tarea del trabajador de prensa, a quien se lo obliga a vender una nota en lugar de desplegar su trabajo intelectual en un medio de comunicación. Factura mediante, no sólo resigna una relación laboral sino también el producto mismo de su esfuerzo y la integración a un ámbito de desarrollo profesional y de pertenencia: la redacción.

En ese marco es que los colaboradores tienen comprometida su práctica cotidiana y son, aún en estas condiciones, productores de sentido. ¿Hay algún escenario más adverso donde las relaciones de poder se presentan de manera más descarnada? Sin embargo, estos periodistas precarizados se comprometen con aquello que consideran su verdad, exploran en estilos, formas y contenidos de los más diversos para sostener una continuidad siempre sujeta a la cantidad de firmas que comprometen a la empresa para el blanqueo del empleo en negro. Así, la búsqueda de una colaboración contempla, además, la forma en que resguardamos nuestro sentido de la verdad y el respeto intelectual.

Las circunstancias que rodean el desempeño profesional nos obliga a la búsqueda de nuevas opciones. Desde el llano, muchos trabajadores de prensa optaron por alternativas comunicacionales construidas sobre formas asociativas que privilegian la solidaridad entre sus miembros, el consenso en la toma de decisiones –que resguarde un sentido de verdad que respete la opinión del periodista– y la producción de un capital cultural no contaminado por los intereses económicos y políticos de los grandes medios masivos. La preparación y capacitación para el manejo y aprovechamiento de las nuevas tecnologías es un soporte importante para estas experiencias que, poco a poco, toman forma y se arraigan en las comunidades más diversas de la Argentina.

La feria de las vanidades que montaron una trouppe de periodistas y empresarios que se sienten discriminados (del negocio publicitario estatal) y censurados no incluye entre sus reclamos las condiciones que soportan los trabajadores de prensa que condicionan su creación y libertad intelectual, entendida como el valor supremo que tiene su sentido de verdad y el derecho de expresarlo. La carpa de la fantasía persecutoria no apoya ni valora a los colectivos que impulsan su propia comunicación sobre pertenencia a una comunidad, no por la especulación del lucro y la ganancia.

La reflexión sobre la labor del periodista y su producción simbólica debe incluir un debate que defina las cosas por su nombre, que valore las experiencias alternativas y que sea independiente de las luchas y disputas de los monopolios y sus representantes ad hoc. Sólo con una mirada crítica desecharemos las palabras inútiles y su ficción para recuperar el valor del presente y nuestra historia. Así construiremos el futuro. (ANC-UTPBA).

Marcelo Massarino
Buenos Aires, diciembre de 2006

www.utpba.net/article155111.html
Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires
www.felap.info/Archivo/0208/2R.20080217.htm
Federación Latinoamericana de Periodistas

8 feb. 2008

El fútbol es sagrado

¿Usted le tiene fe al María Mater Ecclesiae? ¿Es simpatizante, hincha o barra brava de éste equipo? ¿Conoce su historia, la superstición de cada jugador, sus cábalas? ¿Piensa que la Clericus Cup será más trascendente que la Jules Rimet ? Alfredo Ves Losada escribió una nota sumamente interesante en torno al fútbol, al Vaticano y el carisma de sus motivaciones. Ese artículo me llevó a escribir éste que seguramente llevará a un poeta, escritor o periodista a escribir otro. Un rosario de palabras jadeantes, votos y sortilegios entre arco y arco, entre el punto del penal y el silbato divino. Ante un tiro libre, ¿usted es capaz de rezar un Ave María?
Pues bien, para muchos la Clericus Cup es llamada en estos días la Champions League de la Santa Sede. Todo nació, según cuenta la leyenda, de la cabeza (no del cabezazo) del cardenal Bertone, Tarsicio. Ningún parentesco con nuestro amado y admirado Bertoni, Daniel. Este cardenal convenció a Benedicto XVI –llamado por las malas lenguas “el Beckenbauer de la Iglesia ”- para organizar un torneo de fútbol. Euforia y esoterismo. Se habló de la vidriera, de sponsor, de evangelización, de fieles, de la actualización. Oficios y comunión de santos. Creo que también de lo ventajoso para luchar contra el aborto, los homosexuales y los anarquistas. Gracias a Dios tuvo el visto bueno de su Santidad. Ergo, el cardenal convocó a dieciséis institutos romanos de formación diocesana. Y proliferaron equipos de fútbol con los seminaristas. El torneo se puso en marcha con jugadores de más de cincuenta nacionalidades. Un milagro: genuflexión y desplazamientos.
El Banco del Espíritu Santo aparentemente no intervino en ninguna publicidad pero colaboró con su mirada celestial. Una de las canchas auxiliares al Oratorio de San Pedro formará parte de la efemeridografía. Otro equipo: el Colegio Tiberino que intentó pasar a cuarto de final en el Grupo A.
Los nombres de los seleccionados son infernales, zigzageantes: Pontificio Seminario Gallito, North American, Pontificio Seminario Romano Maggiore, Universidad Lateranense, Redemptoris Mater… este último un equipo con letanías. La copa tiene forma de sombrero como los que lucían los seminaristas hasta los 90, con dos botines al pie. Un hallazgo bíblico, un emblema de la globalización. También participa un equipo cuyo nombre nos produce escalofrío: Legionarios de Cristo. Conservadores en el juego, dicen. Cuatro, cuatro, dos, dicen. Sin pecado concebido, dicen.
Hay banco de suplentes, entrenador, director técnico. Los seminaristas de Antioquia, los nigerianos y los colombianos parecen que dan que hablar. En el campo Cardinali Spellman - una leyenda como el Maracaná - es la cancha principal del Oratorio de San Pedro. Al entrar casi todos se persignan, otros besan el césped, ingresan por lo general con el pie derecho. Entran corajudamente. De afuera se escuchan los gritos de aliento, las hinchadas no tiran papelitos pero despliegan rezos, miran al cielo y entonan cánticos que no se parecen a los gregorianos. Códigos.
Se escucha: “tocando de primera”, “distribuyan la pelota”, “vayan por las puntas”, “se marca a presión”. En el Colegio Marista se hizo una especie de concentración con un almuerzo balanceado: pavo. El cocinero fue el padre Ignacio, Ignatius si usted conoce algo de latín. Hay sobrenombres, motes. Todo con beatitud. Algunos, devotos de la Virgen de Guadalupe, hacen sus pedidos. Mexicanos, qué duda cabe.
Un gol; el jugador levanta el puño derecho. Estatura canónica. Maradona, susurran. Admite, el goleador mira y admite. Pero hay más. Va hasta la platea y lo grita. Las matracas y los redoblantes hacen lo suyo. Está filmado: matracas y redoblantes. Describo, cuento aquello que leí y pude ver. Poco, poco. Y la gente corea, se abraza, se besa, tocan el cielo con las manos. No hay insultos, no hay laicos ni ateos ni desvergonzados. Reina la pulcritud, la pureza y el balón tiene algo espiritual, algo mágico. Impoluto, angelical, asexuado. Ninguna relación con el Mundial de Fútbol Gay que se hizo en Buenos Aires. Acá no hay maricas ni travestis ni onanistas. Ni monaguillos ni prostitutas.
(Estoy seguro que ninguno de ellos vio Sin techo ni ley de Agnés Varda ni Nadie sabe de Hirokazu Kore-eda. Tal vez me equivoque pero no creo, no creo.)
Hay tarjetas amarillas, no por el color de la bandera del Vaticano. Crearon una tarjeta azul, una tarjeta intermedia. Hay spray, ídolos, ritos. También algunos periodistas, devotos, moralizantes. No hay denuncias de proxenetas aunque el nombre de Marcial Maciel da vueltas en el campo de juego y sus alrededores. Silencio de monasterio. Los jugadores son, además, alumnos destacados. Estudian filosofía, teología, bioética. Algunas camisetas llevan el auspicio de Lotto en el pecho. Obediencia debida.
Al finalizar el encuentro se siente el olor a transpiración, no a santidad. No se sabe por qué pero muchos seminaristas brasileños no fueron convocados. En algunos el resentimiento se hizo ver. Culpas, algunos golpes beneméritos. Confesionario y a verlo todo detrás del alambrado. De Darwin no se habla. Ni de Galileo.
Hay fotos en los colegios de los muchachos. Alguien dice: “yo no estoy para hacer banco”. Aunque parezca mentira algunos les agrada la cumbia villera. Citan a Messi y a Carlitos Tévez. Saben que mañana les espera los abdominales, los piques, las carreras cortas, la elongación. Las duchas son como las de “ la Roma ”. Los espera la misa, la música y el reposo. Se juegan dos tiempos de treinta minutos cada uno.
Afuera, en los jardines, se escuchan los grillos. Moralejas eclesiásticas. “Que Dios te bendiga”, acotan al retirarse. El encargado del bufet les pregunta sobre el resultado, cómo jugaron, cómo están. En el bufet hay un bello crucifijo, grande, detrás de la caja, arriba del mueble de las gaseosas. Sutilezas, panoplias, platerías.
Felizmente, desde el día en que nací, soy de Independiente, de los Diablos Rojos. Como toda mi familia: padres, tíos, hermanos, primos. En la cancha aparece un “fana” disfrazado de diablo y en la popular una bandera lleva con claridad un número amenazante: 666. Una vez -hace años- pisé ese césped, caminé lo místico. Un proceso de levitación. No hay iglesia que nos ampare, me digo. Tal vez de allí el agnosticismo; de esas banderas rojas, de esa gente voluptuosa, de esos seres indolentes (como yo) que se emocionan en ese templo pagano, ateo, que sólo tienen fe en Lucifer. El de la visera, el de la Cordero , el de la calle Bochini.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2008


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5 feb. 2008

San Lorenzo, Huracán y la Copa Centenario

El hincha, destinatario de la emoción que despierta el juego y al fin y al cabo el principal sostén del deporte más popular del país, sigue pendiente de un mensaje amable de parte de los responsables de su organización. De algo que demuestre que el fútbol mantiene buena parte de aquello que provocó amor e ilusión en incondicionales seguidores de varias generaciones.
San Lorenzo cumplirá 100 años en abril y Huracán en noviembre. Estos equipos tienen numerosas historias en común y una rivalidad de barrio que es el pilar de un clásico como no existe otro igual en la capital del país. Un clásico de vecinos que, desde su nacimiento, siguen siéndolo.
San Lorenzo y Huracán (por orden de aparición en la vida deportiva de Buenos Aires) deberían jugar en 2008 la "Copa Centenario", aunque los primeros sondeos (superficiales, por cierto) sobre la posibilidad de organización de un encuentro de estas características (o dos, en el Bidegain y en el Ducó), que sea independiente de la confrontación oficial en el Clausura y el Apertura, no provocaron respuestas entusiastas, ni firmes.
Apenas se escuchó un "podría ser" dicho con desgano, y en varios casos se apeló al tópico de la violencia que pondría en riesgo la seguridad de los asistentes, como excusa para no profundizar sobre el asunto.
River y Boca no coincidieron en el año de sus fundaciones (1901-1905). Tampoco Gimnasia-Estudiantes (1887-1905), ni Racing-Independiente (1903-1905), ni Rosario Central-Newell's Old Boys (1889-1903), ni Colón-Unión (1905-1907), protagonistas de partidos movilizadores, todos de singular atractivo.
Lo mismo ha ocurrido con Nacional-Peñarol (1899-1913), Real Madrid-Barcelona (1902-1899), o Real Madrid-Atlético de Madrid (1902-1903), Sevilla-Betis (1905-1907), Inter-Milán (1908-1899), Flamengo-Fluminense (1895-1902) y Alianza Lima-Universitario (1901-1924). Entonces, un clásico entre "azulgranas" y "quemeros" en sus primeros cien años se convertiría en un caso excepcional, en un partido de colección.
Y de colección serían las entradas con letras de oro y los programas impresos para cada espectador con los aspectos destacados de las historias de ambos clubes, los banderines alusivos y todo aquello que recuerde para siempre una fiesta de la más pura estirpe porteña.
¿Será tan difícil contratar a una banda de músicos que interprete los himnos de cada club antes del partido? ¿Será una osadía premiar con plaquetas encabezadas por los escudos de ambos clubes a Veira, Rendo, Marangoni, Carrizo, "Coco" Rossi, Hirsig, entre otros, que vistieron las dos camisetas?
¿Se podría señalar como una locura que los presidentes Savino y Babington presenten con breves discursos la celebración centenaria? ¿Y que el encuentro se televisara? ¿Y que el Gobierno de la Ciudad se asociara a un acontecimiento que tendría un rótulo integrador, pacífico y de respeto a las tradiciones futboleras?
¿O estoy crazy? diría Araujo.
El último mensaje que dio el fútbol argentino sobre las cuestiones relacionadas con las rivalidades fue desgraciado, patético. Luciano Leguizamón dejó de ser jugador de Gimnasia y Esgrima La Plata por haberle pedido la camiseta a Juan Sebastián Verón cuando comenzaba el descanso de un partido ante Estudiantes, y pasó a Arsenal.
En el fútbol argentino poco es lo que queda para rescatar a medida que avanzan oleadas de actitudes miserables, interesadas, malolientes. Por ahí, en medio de tanta pobreza intelectual y de espíritu, surge un guiño dirigido a la no violencia, al sentimiento y al interés del hincha, y de respeto bien entendido a la historia.

Enrique Escande
Autor de "Memorias del Viejo Gasómetro"

21 ene. 2008

EL OJO DE LA TORTUGA


La poesía nos permite abrir interrogantes y ensayar respuestas con significados abiertos, múltiples. El orden lógico que encapsula significados es superado por el verso que explota e ilumina los signos. La luz atraviesa el prisma del lenguaje y se descompone en infinitos colores y matices para que el lector arme su paleta y combine texturas y tonos como hace el poeta en cada línea. En El ojo de la tortuga (Ediciones Ultimo Reino), María Victoria Ramos pone su poesía como herramienta para que las cuestiones que duermen en la quietud de las apariencias despierten, súbitas, en sentimiento y fragmentos de vida. Así, una observación sensible a la epidermis de la lengua y desprovista de prejuicios ilumina el horizonte de la cotidianeidad.

La espera adquiere un sentido de búsqueda cuando “el ojo de la tortuga/ sabe aguardar su primavera./ Escópico, atemporal,/ perdura./ Antes estuvo/ y después/ estará."

Con fragmentos microscópicos Ramos describe en “Huella” una identidad que persiste y resiste: “Delgado surco,/ huella digital:/ mi escritura./ El deleite/ de la delicadeza,/ la miniatura/ y el laberinto./ Esculpido en la piel/ por un dios perverso,/ distingue/ y a la vez/ condena.”

La palabra implica riesgo, miedo al abismo o a la cura que en “Magia” adquiere una dimensión que evoca la angustia del intelectual que piensa y se piensa. La búsqueda de un lugar en apariencia material, tierra firme para las ideas, termina en un espacio líquido que fluye y nunca reposa, como el río interior de nuestro cuerpo: “El pensamiento se detiene. /El deseo nunca se detiene./ En la alquimia del verbo/ todo conjuro/ puede cumplirse./ Templando ideas/ debe ser uno cuidadoso/ y no transformar el oro/ en cobre.”.

María Victora Ramos es autora de textos infantiles, graduada en Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde es docente de Psicología de Arte. Con Pajarita de papel ganó, en 2002, el Primer Premio Nacional de Poesía del Centro Cultural Borges.

M. M.

El ojo de la tortuga

sabe aguardar su primavera.
Escópico, atemporal,
Perdura.
Antes estuvo

y después
estará.

El saurio,
el anfibio,
el nacarado galápago,
la escama del dragón
domesticado
en él se conjugan.

Hoy, en mi jardín,
más cercano,
pero no menos brumoso,
espera
como un oráculo
abandonado.

Al mirarme
con su pupila
augural
despliega
un temible espejo
en el que puedo leer

esto
también
pasará.

***
Huella

Delgado surco,
huella digital:
mi escritura.
El deleite
De la delicadeza,
la miniatura
y el laberinto.
Esculpido en la piel
por un dios perverso,
distingue
y a la vez
condena.

***
Magia

I
negra
en la noche
blanca
del papel.

En
cantada
por las palabras,
clavo
con metódica disciplina
alfileres
en el cuerpo
del poema.


II
El pensamiento se detiene.
El deseo nunca se detiene.

En la alquimia
del verbo
todo conjuro
puede cumplirse.

Templando ideas
Debe ser uno cuidadoso
y no transformar el oro
en cobre.

13 ene. 2008

La cultura de la pelota

Para aquellos que no me conocen debo decirlo. Y si es necesario reiterarlo. Amo el deporte. Me formé desde niño en un club donde su escudo dice Mens sana in corpore sano. Esa sentencia latina y otra -que aún leemos en el frontispicio de mi escuela primaria- Liber Liberat, me acompañan. He corrido en natación, pecho. He nadado en río y en mar. He jugado pelota a paleta y concurrí a las clases de box con el “Sapo” Azar. Un nadador de otros tiempos, Pico, me enseñó a no tenerle miedo al agua. Y un estilo para siempre. Fútbol toda mi vida. En Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, en torneos internos de Atlanta, en la 5ta. de Argentinos Juniors, en el seleccionado de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, en cuanto potrero o baldío había. De adulto me transforme en director técnico de los equipos de mis hijos del torneo de GEBA, durante diez años.

Siempre, o casi siempre, jugué de insider derecho o entreala derecho. Y sin vanidad, no jugaba mal.(En algunos picados, para compensar, sólo podía tocar la redonda con la izquierda. La derecha apoyaba, nada más.) La pisaba, levantaba la cabeza mirando al compañero, la pedía a cada rato. Al trote, de área a área. Y volver a empezar, armando el partido, con paciencia, cruzando pelotas a veinte o treinta metros, gambeteando, haciendo caños, taquitos, acariciando la pelota, amándola. Con las medias bajas, sin canilleras. Caminando, casi sin transpirar. Guardo medallas y alguna copa de esos años.

De muchacho pude ver en Independiente a uno de los más grandes, al uruguayo Vladas Douskas. Mi padre me llevaba a la tribuna de los Diablos Rojos. Iba con mis hermanos y mis primos. Michelli, Cecconato, Bonelli, Grillo y Cruz. Los veo aún salir del túnel a Elías Abraham, a Moussegne, a José Varakca, a Maldonado, al Bocha…
Mi padre me hablaba de Seoane, de Orsi, de De la Mata. Los conoció en la fonda de mi tío Pedro, en Avellaneda. Iban a comer pastas y tomar vino tinto el sábado por la noche. En el barrio La Mosca, Piñeiro.

Cuando viajaba a los entrenamientos de Argentinos Juniors tomaba el 109. En el bolso llevaba la toalla, los botines, la medias, el pantaloncito y un libro de poemas. Jamás confundí el arte, la educación de la sensibilidad, la ética, la creación interior con la industria. Una cosa es el jazz y otra el imperialismo. Por esos años, por otra parte, en mi hogar se hablaba de Bakunin, de Trosky, de las invasiones de los marines y de la Guerra Civil Española. Además -vale el tono- el deporte amateur es lo verdaderamente importante. Recordemos a Píndaro. El resto sabemos de sobra: industria, mercado, negocio, mafia, sistema en descomposición. Política de la más baja estofa; delito y corrupción.

“A los poetas no concedieron ni los hombres ni los dioses ni los libreros el ser mediocres”, sentenció Horacio en su Arte poética. Pocos son los hombres que pueden consumar ese arte. Ahora, parece que es a la inversa. Philip Sydney, en su famoso libro Defensa de la poesía, decía que “no son el rimar y el versificar el que hacen al poeta”. Y “que han existido muchos poetas de gran excelencia que nunca versificaron”. Estamos hablando de 1580.

Vivimos con alegría mediocridad y populismo. Las editoriales y seudos escritores ven un mercado redituable, se puso de moda. Caro lector, no olvide las palabras del comienzo, por favor. No se trata de escritores ilustrados y escritores junto al pueblo. Estamos hablando de estética literaria. Recuerde, cité a Píndaro. Puedo hablar de Camus o de Pasolini. Pongo en tela de juicio que estos relatos, cuentos o novelas futboleras tengan algo que ver con la literatura. No creo que en Italia se publique una antología donde estén Petrarca y Dante junto a Modugno o Celentano. Podemos seguir. Aquí vale todo, se mezcla todo. No se trata, reitero, de desdeñar temas, intentamos señalar a los adulones, a los populistas, a los que cómplices del mercado (aunque lo nieguen en nombre de las masas) distorsionan lenguajes, conceptos, prestigios. No estamos en contra de los “escritores futboleros”, decimos que no son “escritores”. La mayoría son farsantes, otros escriben con los pies. Más claramente: son malos escritores. Intentar confundirlos con Horacio Quiroga, Ricardo Molinari, Marco Denevi o Abelardo Castillo, por dar algunos nombres, es mala fe o ignorancia. El público es el público. Y el lector es el lector. Una cosa es la carga afectiva y otra lo trivial, lo chabacano que hay en cada acto; lo ideológico, la lectura política, si se quiere. Se habla de éxito, de territorios para explotar, de la influencia de los medios.

Fascinaciones, declaraciones frontales, estilos categóricos. Bien. Frecuentación servicial que produce desplazamientos. Estilos oleaginosos que abarcan los diarios canónicos, posiciones de avanzada, seudo progresismo. Maniobras. Pactos, por razones de afinidad espiritual, verificación de textos, ponerse à la page. Ecos difusos de nuevos intelectuales, o viejos zorros, que distribuyen amagos, vertiginosos saludos y demás chovinismos. Problemas de latitudes y de buen hígado. Méritos de un extraño raíd, virtudes filantrópicas, tal vez. Osados, venerables, estrategias con la patota de amigos presuntamente privilegiados. Bromas ocurrentes y celebradas. Sintetizo, lector, sintetizo. Y luego la perplejidad, los elogios, las justificaciones. Posicionamiento. Esa es la palabra.

Porque la miseria se fue acumulando. En las calles, en las plazas, en los hospitales, en las escuelas, en los edificios, en las bibliotecas. Inquietante, paradigmas, blasones de otra índole. Conjuro y flecos de legiones, de actitudes puntuales, de juegos florales cercanos siempre a lo nacional, a lo anecdótico, a lo decorativo del poder de turno. Parlotean, cejas al frente, beneméritos apóstoles del lumpenaje. Apogeos, criterios corporativos. Académicos de otro orden, reiteración de lo mismo. Cansan, en el fondo son tan prolijos como los embajadores con medallas al pecho. “Por miedo al castigo que por amor a la virtud”, escribió Horacio en Epístola a los Pisones.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2008.
Foto: Vladas Douskas con la camiseta de Nacional de Montevideo.

11 ene. 2008

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LANACION.com ADN Cultura Sábado 5 de enero de 2008