21 ene. 2008

EL OJO DE LA TORTUGA


La poesía nos permite abrir interrogantes y ensayar respuestas con significados abiertos, múltiples. El orden lógico que encapsula significados es superado por el verso que explota e ilumina los signos. La luz atraviesa el prisma del lenguaje y se descompone en infinitos colores y matices para que el lector arme su paleta y combine texturas y tonos como hace el poeta en cada línea. En El ojo de la tortuga (Ediciones Ultimo Reino), María Victoria Ramos pone su poesía como herramienta para que las cuestiones que duermen en la quietud de las apariencias despierten, súbitas, en sentimiento y fragmentos de vida. Así, una observación sensible a la epidermis de la lengua y desprovista de prejuicios ilumina el horizonte de la cotidianeidad.

La espera adquiere un sentido de búsqueda cuando “el ojo de la tortuga/ sabe aguardar su primavera./ Escópico, atemporal,/ perdura./ Antes estuvo/ y después/ estará."

Con fragmentos microscópicos Ramos describe en “Huella” una identidad que persiste y resiste: “Delgado surco,/ huella digital:/ mi escritura./ El deleite/ de la delicadeza,/ la miniatura/ y el laberinto./ Esculpido en la piel/ por un dios perverso,/ distingue/ y a la vez/ condena.”

La palabra implica riesgo, miedo al abismo o a la cura que en “Magia” adquiere una dimensión que evoca la angustia del intelectual que piensa y se piensa. La búsqueda de un lugar en apariencia material, tierra firme para las ideas, termina en un espacio líquido que fluye y nunca reposa, como el río interior de nuestro cuerpo: “El pensamiento se detiene. /El deseo nunca se detiene./ En la alquimia del verbo/ todo conjuro/ puede cumplirse./ Templando ideas/ debe ser uno cuidadoso/ y no transformar el oro/ en cobre.”.

María Victora Ramos es autora de textos infantiles, graduada en Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde es docente de Psicología de Arte. Con Pajarita de papel ganó, en 2002, el Primer Premio Nacional de Poesía del Centro Cultural Borges.

M. M.

El ojo de la tortuga

sabe aguardar su primavera.
Escópico, atemporal,
Perdura.
Antes estuvo

y después
estará.

El saurio,
el anfibio,
el nacarado galápago,
la escama del dragón
domesticado
en él se conjugan.

Hoy, en mi jardín,
más cercano,
pero no menos brumoso,
espera
como un oráculo
abandonado.

Al mirarme
con su pupila
augural
despliega
un temible espejo
en el que puedo leer

esto
también
pasará.

***
Huella

Delgado surco,
huella digital:
mi escritura.
El deleite
De la delicadeza,
la miniatura
y el laberinto.
Esculpido en la piel
por un dios perverso,
distingue
y a la vez
condena.

***
Magia

I
negra
en la noche
blanca
del papel.

En
cantada
por las palabras,
clavo
con metódica disciplina
alfileres
en el cuerpo
del poema.


II
El pensamiento se detiene.
El deseo nunca se detiene.

En la alquimia
del verbo
todo conjuro
puede cumplirse.

Templando ideas
Debe ser uno cuidadoso
y no transformar el oro
en cobre.

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