2 dic. 2005

Pascual Pérez, un modelo peronista

La trayectoria deportiva del boxeador Pascual Pérez es una expresión de la movilidad social que hubo durante la presidencia de Juan Domingo Perón entre 1946 y 1955. En 1954 fue el primer campeón del Mundo que dio la Argentina, luego de una dilatada trayectoria en el campo amateur con una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Pascual Pérez es un modelo desde donde podemos analizar la incidencia social del deporte durante el peronismo.

Presentado en el IV Encuentro de Deporte y Ciencias Sociales, organizado por el Area Interdisciplinaria de Estudios del Deporte (AIED), noviembre de 2002, Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires.

¿Cuál es la figura que aparece en el imaginario colectivo cuando analizamos la relación entre el peronismo y el deporte? Siempre que los sentimientos se ubiquen en el primer plano, sin ninguna duda que se trata del boxeador José María Gatica, "El Mono". Un sentimiento que puede ser de amor u odio. Según el color del cristal con que se mire, esos días de Juan Domingo Perón en el poder serán los más felices o los más ingratos. Esa dicotomía que planteamos desde lo emotivo se traslada a lo político, social o económico. La marca que dejó Perón es motivo de análisis cuando nos preguntamos por la nación, por la patria, por la construcción de la identidad de los argentinos. El imaginario de la Nueva Argentina que el peronismo construyó desde el gobierno entre 1946 y 1955 tiene su cuota de emotividad, sufrimiento y entrega en una consigna que aglutinó a la clase obrera y el pueblo durante aquellos años y luego en los tiempos de la proscripción: "la vida por Perón". Y el deporte no fue ajeno a esa realidad.
Como nunca, el deporte y la política iban por el mismo camino. Si apelamos al recuerdo del "peronismo-sentimiento", Gatica ocupa el primer lugar en la memoria colectiva peronista/antiperonista, a pesar que no fue campeón profesional y que en su única pelea por un título mundial, frente al norteamericano Ike Williams, cayó por nock out en la mitad del primer round. Si el objetivo es analizar a la sociedad de la época a partir de la influencia de aquel movimiento de masas para estudiar la movilidad social que determinó el ingreso de sectores hasta ese momento postergados, creemos que el mejor ejemplo dentro del deporte argentino es el que encarnó el boxeador Pascual Pérez. Dueño de una singular trayectoria, recorrió en su carrera deportiva -uno a uno- todos los peldaños que lo llevaron a ser campeón olímpico y el primer pugilista argentino campeón del mundo. Al mismo tiempo, ascendió en la pirámide social: mientras daba los primeros paso como boxeador, siempre en peso mosca, era peón rural en la finca de su padre; con el tiempo tuvo un ingreso económico como deportista que lo ubicó en una clase media con casa, auto y un patrimonio que le permitió vivir sin mayores apremios durante algunos años. En este sentido, el recorrido que desde lo social hizo Pascual Pérez, es similar al de miles de argentinos de su época.
Pascual Pérez logró su consagración como amateur y profesional cuando Buenos Aires le abrió las puertas de la competición en el ámbito nacional. En ese sentido, su viaje desde el Interior a la Capital no es diferente a la experiencia de los provincianos que emigraban a la gran ciudad para estudiar, trabajar y lograr una posición económica que les permitiera escalar en la pirámide social.
Pascualito es producto del impulso social y deportivo que el Estado peronista instaló con varios objetivos: afianzar y sostener el proyecto peronista, al tiempo que expandía la base social con la incorporación de nuevos actores, orientando la conciencia obrera en una dirección opuesta al conflicto social (Durruty 1963). Luis Alberto Romero reflexiona que en el decenio peronista "el Estado desarrolló ampliamente las políticas de bienestar social, y arraigó el concepto de justicia social. La justicia social complementó adecuadamente la idea básica de la movilidad, puesto que el Estado concurría a apoyar a aquellos que habían quedado un poco atrasados y los volvía a poner en carrera..." (Luis A. Romero 2002). En el plano deportivo "el boxeo fue también una avenida para la movilidad social pero esta vez no sólo para los hijos de inmigrantes que poblaban la pampa sino, fundamentalmente, para los pobres de las grandes ciudades..." (Archetti 2001: 103).
A fines de la Segunda Guerra Mundial la brecha entre ricos y pobres en la Argentina tenía proporciones alarmantes. Perón tuvo una política de reformas sociales profundas hasta 1949, cuando cambió el rumbo económico. "Procuró despertar en los estratos bajos un sentido de nacionalidad y de identidad mediante la difusión de su doctrina y la ayuda del estilo plebiscitario con ribetes emocionales que había impreso a su gobierno", apoyado "sobre una base material e institucional. Por eso, la elevación del nivel de vida y la mejora del status social de los estratos bajos constituyeron el centro de sus esfuerzos reformistas". En ese marco, "el precio exigido por Perón con sus concesiones fue el intensivo apoyo político de la clase trabajadora, la clara toma de posición de ésta en favor de su persona y de su gobierno". (Waldmann 1981: 84, 150 y 168). Con el consenso liberal en crisis el justicialismo generó "un sistema de mitos y símbolos tendiente a crear un imaginario político alrededor de las figuras de Perón, de Eva y del movimiento peronista en general, al tiempo que intentaba incorporar a nuevos sectores sociales dentro de la maquinaria del régimen." (Plotkin 1993: 299).
Desde otra perspectiva Julio Mafud sostiene en "Sociología del peronismo" que "la democratización de las oportunidades económicas y sociales abrió las compuertas de la masificación de toda la sociedad. En cierto modo, los que se sintieron excluidos fueron los que siempre se consideraban elite y grupos tradicionales... el peronismo cumplió la etapa de 'legitimización' de los nuevos grupos y nuevas normas en la sociedad urbana. Dentro de este proceso, los que venían no se encontraban con la necesidad de cambiar pautas y normas, sino de afirmar las que traían. Por tal causa, dentro del peronismo no se sintieron extraños. Se sintieron los habitantes y miembros naturales de la sociedad peronizada... Se era peronista no por elección sino por integración social... Con el peronismo los grupos del Interior comenzaron a comprender que su país no terminaba en su comunidad, sino que se extendía hacia todas las subestructuras nacionales. Esto llevó a comprender que no era necesario 'urbanizarse' para estar en la ciudad. También en ella se podía vivir con las pautas originarias... El peronismo -como nueva ideología- representó, para los que llegaban, el futuro sin compromisos o ataduras con el pasado. En la medida en que se insertaban en el acontecer peronista se insertaban en la nueva sociedad. Lo hacían para peronizarla", al tiempo que lo adoptaban como un controlador político e ideológico con una sensación de paternidad. (Mafud 1972: 20, 31-32, 39 y 40).
Política, economía y promoción social constituyeron el paraguas bajo el cual se desarrolló la movilización o locomoción de la sociedad. El salario medio por hora de los obreros industriales se incrementó en casi el cincuenta por ciento, que sostuvo un mercado interno para las empresas nacionales, se modificó la legislación laboral y se crearon organismos asistenciales y culturales. El Estado conducía la planificación económica y se presentaba como un tercero externo a las relaciones sociales (O` Donnell 1982: 17) con políticas activas en diversos ámbitos, en el marco de una proclamada "doctrina justicialista" que enfatizaba dos conceptos claves: la patria y la nación (Massarino 2002). "Eva Perón liberó a su marido del papel de líder de los trabajadores, lo cual permitió que su pretendido rol de representante imparcial del Estado y de árbitro de la Nación resultara más plausible (Waldmann 1981: 234).
La Fundación Eva Perón fue un elemento importante en esta etapa. Aunque de carácter privado constituyó una verdadera red de asistencia social a nivel nacional que, incluso, tuvo acciones en el exterior. En el plano deportivo, fomentó la competición de jóvenes a través de los Juegos Deportivos Evita. "Los campeonatos deportivos eran usados para dar sentido político (o sea peronista) a formas ya existentes y aceptadas de interacción social, a efectos de crear consenso pasivo.
Los padres que permitían a sus hijos participar en las competencias estaban tácitamente aceptando ser incorporados en la maquinaria del régimen, aunque no por ello estaban necesariamente haciendo una declaración de apoyo explícito al gobierno" (Plotkin 1993: 257).

Pascualito, de peón a campeón
Pascual Pérez fue hijo de una familia campesina que cultivaba en los viñedos mendocinos. El trabajo rudo de labrar la tierra lo fortaleció desde pequeño y formó un cuerpo de pequeño porte pero macizo y sus brazos tuvieron una fuerza desproporcionada para su físico.
Se inicio a los 16 años en el club Deportivo Rodeo de la Cruz bajo las órdenes del profesor Felipe Segura, a quien asombró porque tenía un golpe fortísimo con ambos puños. Aunque era zurdo, actuaba naturalmente como diestro. Tenía un don natural para boxear, ya que "sabía resolver situaciones sobre la marcha sin esperar la terminación de un round para que le indicaran en el rincón cómo resolver el problema. Si la estrategia fallaba él, entre golpe y golpe, concebía otra" (Suárez y Chaine 1998: 37).
Desde su aparición en las veladas mendocinas, en enero de 1944, hasta su consagración en Londres conquistó más de 20 campeonatos amateurs. El primero fue el Campeonato Argentino de Novicios que logró dos meses después del debut. Su padre Francisco Pérez accedió a que viajara para competir en Buenos Aires, sólo después que la Federación Mendocina de Boxeo le aseguró el pago para contratar un peón que reemplazara a su hijo en las labores de la finca. (Suárez y Chaine 1998: 61).
El selectivo para determinar los integrantes de la selección que representó al boxeo argentino en los Juegos de Londres 1948, fue ese mismo año en el estadio Luna Park, de Buenos Aires, donde combatieron representantes de la Federación Argentina y de la Unión Argentina de Box. Entre los integrantes de la delegación olímpica que cruzó el Atlántico en el buque "Brasil" estaban los pugilistas de la escuela mendocina Pascual Pérez, en la categoría mosca; Cirilo Gil, en pluma; Manuel Martínez, liviano y Luis Rosales, mediano. La victoria de Pascualito frente al italiano Espartaco Baldinelli le permitió lucir la presea dorada, que también lograron el peso pesado Rafael Iglesias y el maratonista Delfo Cabrera
El periodista de la revista El Gráfico Félix Frascara escribió desde Londres: "Pascual Pérez ha ido escalando peldaño a peldaño este camino hacia la fama: mendocino, fue primero campeón de su ciudad, de su provincia luego; más tarde y en breve lapso campeón argentino, rioplatense y latinoamericano, todo en peso mosca. Su rotunda eficacia finca principalmente en el notable sentido de tiempo y distancia, sincronizados a la perfección. Luego, es agresivo, de pegada sumamente fuerte en proporción a su peso; y desarrolla todos sus recursos en plena velocidad, sin perder la línea. Podríamos afirmar que ha sido el mejor boxeador del equipo argentino y uno de los mejores estilistas del torneo..." (El Gráfico 1948, 1520: 29-33)
El espíritu nacionalista alimentaba el imaginario de los puños criollos "avalados en una gloriosa tradición de los guapos boxeadores argentinos que prestigiaron en los cuadrados de todo el mundo los colores deportivos de nuestro país" (Crítica 5ta. edición, 14-5-1948)
De regreso en la Argentina, el presidente Juan Domingo Perón recibió a los deportistas. Pascual Pérez volvió a su Mendoza natal en el tren El Cuyano donde lo esperaba una multitud. La Legislatura local le obsequió una casa en la capital, sobre la arteria Jorge A. Calle, y la Fundación Eva Perón todos los muebles.
La eliminación en el selectivo para viajar a los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, a manos de Francisco Calvagno, en un fallo discutido, fue suficiente para que Pérez decidiera pasar a las filas del profesionalismo de la mano del manager Lázaro Koci, El empresario, que también manejó la carrera de José María Gatica, fue quien impulsó la revalidación de los títulos de todas las categorías, incluida la mosca, que "no se disputaba desde hacía 23 años." (Suárez y Chaine 1998: 91). Debutó frente al chileno José Chiorino a quien venció por abandono en el cuarto round. Con cuatro peleas más, ganadas por nock out, disputó el título argentino con Marcelo Quiroga, quien abandonó en la cuarta vuelta. El cinturón de Campeón Argentino de los Moscas quedó en la cintura de Pascualito aunque sin rivales a la vista. Las bajas recaudaciones por la escasa convocatoria del mendocino hacía que peleara en un Luna Park casi vacío. Esto lo obligó a buscar adversarios en el interior de la Argentina.
Sin contrincantes de nivel en su país y Latinoamérica, el embajador argentino en Japón, Carlos Quiroz, logró una pelea en Buenos Aires con el campeón mundial Yoshio Shirai, aunque sin el título en disputa. La cita fue en el estadio de Corrientes y Bouchard y se trató de la primera vez que un pugilista argentino lograba empatar con un campeón mundial. Fue un logro para el boxeo argentino cuando en el terreno deportivo "florecía una época de oro, a expensas de una Europa y Estados Unidos desangrados, con los cinco títulos mundiales de Juan Manuel Fangio, el básquetbol y su consagración, un Jorge Bátiz subcampeón del mundo en ciclismo, el fútbol llenaba estadios todos los domingos. Pascual Pérez perteneció a esa generación de éxitos, abriendo el camino en el boxeo y sumándolo a la euforia nacional por los triunfos deportivos." (El Gráfico -Grandes momentos del deporte argentino, fascículo nº 5-: 32-33)
La revancha fue en Tokio el 26 de noviembre de 1954 en el estadio Korakuen. A los 28 años, Pascual Pérez venció por puntos al oriental y se alzó con la corona. "En diez años de actuación como amateur y profesional, de 1944 a 1954, ganó veinte títulos y dos de hegemonía mundial. En su record figuran más de noventa combates ganados, en su mayoría, por K.O. o abandono. Una sola vez igualó honores y fue cuando Shirai era el campeón. Siendo Pascual el monarca fue declarado perdedor de Sadao Yaoita en un combate sin validez por el título" (Suárez y Chaine 1998: 114)
La crítica especializada veía en Pascual Pérez a un boxeador estilista de golpe fulminante que había progresado paso a paso a lo largo de su trayectoria amateur y profesional. "¡Qué habría constituido Pascual Pérez en 1948 cuando ascendió al pedestal de campeón amateur, si seis años, casi de inactividad, le han permitido en dos saltos escalar tan alto! La verdad es que fue siempre un campeón definido. Primero en el espinoso concierto local, donde tanto cuesta prevalecer. Luego en el sudamericano. Más allá, los mundiales de amateur y profesional. Profesional completo, con una clara exposición de boxeo ortodoxo, revistió su trabajo con su empuñadura criolla. Siempre le dio preferencia al ataque, esa suerte de acción definida, viril, en la que queda identificada la personalidad. Es así como su ficha está henchida de triunfos por la vía expeditiva, esa que resulta consagratoria para el fighter y el estilista... Cada vez se ensanchaba más su torso de gladiador, y se agudizaba su sentido, su instinto para la sutileza de una lucha que acepta, tanto como los mandatos del músculo, aquellos que le confieren belleza deslumbrante en la certera celeridad del impacto. Su campaña como profesional es puramente de ascendencia local. Adversarios que sirvieron para fijar su superioridad, todos cayeron desbordados, superados fácilmente. Cabe consignar que esa orfandad de púgiles de poco peso estuvo a punto de excluirlo de la actividad. Más de una vez se dijo de su alejamiento. Bastó una oportunidad, ese doble compromiso con Yoshio Shirai, para que se vitalizara en el afán de repetir su lejana gesta londinense. Como la mayoría de los boxeadores que deambulan en esa categoría tan poco nutrida, su historial es breve. Ahora le ha incorporado un capítulo que se convierte en epopeya concisa y espléndida, digna como iniciación de una nueva época del boxeo argentino en el concierto mundial." (La Nación, 27-11-1954)
El gobierno argentino no dejó escapar ningún detalle, más aún cuando peleó por la corona mundial, consciente de la importancia política y deportiva del evento. Si en el combate de Buenos Aires el presidente Perón ocupó un lugar en la primera fila, en Tokio estuvo en juego una copa otorgada por él y que Pérez cedió a su vencido. Después de conocer la decisión del jurado que le dio triunfo por puntos, Pascual Pérez dijo al micrófono del relator Manuel Sojit: "El recuerdo del general Perón, su estímulo, su cariño por todos los deportistas fue el acicate y el pensamiento que mantuvo mi fe, aun en los momentos más difíciles de la pelea". Y cerró con un "Cumplí, mi general". (La Prensa, 27-11-1954)
El periodista Diego Lucero destacó el logro y la trayectoria del boxeador: "Vino de su pago mendocino de Guaymallén, donde se tinta en rosa la manzana bíblica y donde se hace mosto la vid pagana. Era un muchachito esmirriado, con peso de jockey, medio perita en dulce, medio peloduro, de carita chupada y esa envoltura general humilde, que le traen los provincianos a las veredas porteñas... Por primera vez en la historia del deporte argentino, un hijo predilecto traerá a la Patria la corona de campeón profesional. Es un muchacho humilde porque así son los valientes y los buenos. Y la Patria, orgullosa de su hazaña, no encuentra para celebrar su alborozo, palabras más expresivas, hondas y bellas, que las palabras de la madre de Pascualito, dominada por esa emoción que entrevera las risas y las lágrimas, dijo, cuando se supo la noticia: ¡Gracias, hijo mío! '" (La Razón, 27-11-1954)
Es claro que el triunfo excedía las fronteras deportivas para fomentar el imaginario la "Nueva Argentina". El tango, como manifestación cultural de los sectores populares, estuvo presente en el logro de Pérez. En el ring side de Tokio el argentino estuvo acompañado por los integrantes de la orquesta de Juan Canaro, mientras que en Buenos Aires Sergio Gasparini, Pascual Lauria y Héctor Maure compusieron "Al gran campeón", que dice: "Pascualito Pérez, Gran campeón del mundo, hoy mi patria toda tu hazaña festeja, corazón y nervio llenos de destreza dejaste sentada por guapo mi tierra..."
Defendió su corona mundial en nueve oportunidades durante varios años. Una separación matrimonial difícil y los malos negocios consumieron todo lo que había ganado en el ring. En 1960, después de caer ante Pone Kingpetch, el periodista Franco Mogni le preguntó a Pascualito ¿quién es?. La respuesta fue "Yo soy Pascual Pérez, un recuerdo". Aunque combatió a lo largo y a lo ancho de la Argentina hasta 1964, su estrella se había apagado. Ya retirado de la actividad boxística, vivió de un sueldo como empleado público. Con el paso del tiempo, su figura radiante en el cuadrilátero se convirtió en la de un hombre golpeado por la vida. La muerte lo sorprendió el 22 de enero de 1977, víctima de una insuficiencia hepatorrenal.

Marcelo Massarino
Buenos Aires, abril de 2003.

Publicado en: http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 9 - N° 60 - Mayo de 2003
http://www.efdeportes.com/efd60/pascualp.htm

Bibliografía
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MAFUD, Julio (1972), Sociología del peronismo, Buenos Aires. Américalee.
MASSARINO, Marcelo (2002), "Por Perón y por la Patria". Un análisis del discurso peronista y el deporte (1946-1955), Revista Digital. Lecturas: Educación Física y Deportes http://www.efdeportes.com, año 8, nº 46.
O´DONNELL, Guillermo (1982), El Estado burocrático autoritario. Triunfos, derrotas y crisis, Buenos Aires. Editorial de Belgrano.
PLOTKIN, Mariano (1993), Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955), Buenos Aires. Ariel.
ROMERO, Luis Alberto (2002), El apogeo de la sociedad de masas, Conferencia dictada en el Ciclo de Encuentros con pensadores de las problemáticas de nuestro tiempo, organizada por el Area Interdisciplinaria de Estudios del Deporte, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Revista Digital. Lecturas: Educación Física y Deportes http://www.efdeportes.com, año 8, nº 50.
WALDMAN, Peter (1985) El peronismo (1943-1955), Buenos Aires. Hyspamérica.

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