10 dic. 2005

Noche de tango


El tango como género popular lucha por volver a ocupar su espacio. Uno de esos lugares se encuentra en Almagro. El cantante, el guitarrista y el público hacen el espectáculo.

Ya es madrugada. El boliche de Roberto está repleto. Las seis mesas y el mostrador están ocupados por decenas de jóvenes y algún viejo parroquiano trasnochado que aún no se enteró que él y su ginebra con soda son los extraños en esa fauna de muchachos rockeros con piercing, que prefieren el Michel Torino tinto de 5 pesos. A las dos de la madrugada, aunque el humo es espeso y cueste respirar, desde el fondo del bar aparecen los cantores Osvaldo y Agustín para ocupar el lugar de siempre donde arremeten con la cátedra tanguera y el decálogo del bar que es Cafetín de Buenos Aires: “De chiquilín te miraba de afuera/ como esas cosas que nunca se alcanzan...” A esta altura de la noche el alumnado está inquieto y con varias copas encima. "Cantar acá es todo un laburo, lo hacemos sin micrófono, con mucho 'pucho' en el aire. A veces los jóvenes se ponen a conversar, están entretenidos y el murmullo perjudica un poco pero siempre nos la rebuscamos", aseguran.
El cantor, Osvaldo Peredo -camisa fucsia, chaleco negro y vaso con caña- sostiene la nota con la experiencia que solo tiene un cantor de boliche. La mano derecha extendida corta la humareda del ambiente y pareciera decir a quienes todavía están en otra: "¡Viejo, acá estoy !". Como si estuviera en otra cosa Agustín Ortega impone respeto con su guitarra que sostiene sobre la pierna derecha elevada por un cajón de cerveza. Poco a poco el tango se adueña de la atmósfera y el dúo acapara la atención de todos. El público, en su mayoría jóvenes, poco y nada tiene que ver con los bolicheros de ayer. "De aquellos años al presente el boliche cambió mucho. Antes venía gente mayor, nos presentábamos más temprano. En cambio, ahora estos muchachos van marcando la hora, el momento justo para que nos presentemos", explica el Ortega.
Hace casi diez años que Osvaldo y Agustín recrean en sus tangos el Almagro guapo y pendenciero que todavía es leyenda en el imaginario popular. "Yo llegué al bar acompañando a un fueye y resulta que un día se fue al barrio de La Boca con otros músicos. En ese tiempo Osvaldo cantaba con Roberto Medina, el hijo del autor de Pucherito de gallina, Bronca y otros tangos. Entonces me decidí a juntarme con ellos y comenzamos a tocar juntos los fines de semana", recuerda Agustín. "Y el primer tango que cantamos fue Como dos extraños, el mismo que nos piden todas las noches", comenta con emoción Peredo: “Y ahora que estoy frente a ti/ parecemos, ya ves, dos extraños.../ Lección que por fin aprendí:/ ¡como cambian las cosas los años!/ Angustia de saber muertas ya/ la ilusión y la fe... /Perdón si me ves lagrimear/¡Los recuerdos me han hecho mal!”
Los dos llegaron al tango por caminos diferentes. Osvaldo Peredo, 73 años, de Boedo, de joven estudió canto e integró una orquesta del barrio: "Hacíamos un estilo muy parecido al de (Osvaldo) Pugliese y cantaba casi todo su repertorio como por ejemplo Ventanita de arrabal, La podrida, La vieja serenata y Puente Alsina. En esa época el fútbol y el tango eran mis dos pasiones. Después de jugar en la tercera de San Lorenzo, en 1953 viajé a Colombia, pero fue debut y despedida porque jugué un solo partido en el Sporting de Barranquilla. Ahí me largué a cantar. Anduve por Bogotá, Cali y Manizales, también por Caracas donde canté boleros para la televisión venezolana. Volví a Buenos Aires en el año '60 y anduve remando de un lado para el otro: estuve en El rincón de los artistas junto a los mejores de la época como Alberto Morán y Roberto Goyeneche. Así anduve tirando". Por otro lado, Agustín Ortega, cordobés, de 53 años, cuenta su origen humilde y los recuerdos de la infancia: "Nos juntábamos con mi madre para escuchar el Glostora Tango Club por Radio El Mundo. Yo nunca estudié música ni nada. Soy un luchador que vengo de muy abajo. Tal es así que vivo en la villa Ciudad Oculta, en Mataderos. Fui lustrabotas y foguista de calderas. Cuando hace 10 años me echaron y me quedé sin trabajo tenía que hacer algo para darle de comer a mis pibes. Me daba mañas con la guitarra y el tango me hizo una seña pero ¡ojo! que también fue por hambre". Agustín es una de las tantas víctimas del desempleo que produjo la ola privatizadora de los `90. Cuando muchos eligieron la alternativa del remis o el maxiquiosco, él optó por "pucherear" con la música y gozar hoy de un prestigio underground que le permite vivir con dignidad. Después de cada actuación, mientras Osvaldo recita, Agustín recorre las mesas y pasa la gorra.
Aunque de orígenes dispares a ambos los une la admiración por Carlos Gardel, El Marciano, como les gusta llamar al Zorzal Criollo. Así como El Mudo le cantó a Leguisamo, Agustín define con una metáfora burrera por qué aún es el más grande: "Cada año que pasa Gardel saca más vueltas. Antes ganaba por un circuito y ahora lo hace por tres o más. Uno lo escucha y se da cuenta que es un extraterrestre. De todas formas hay humanos que tienen lo suyo como Aníbal Troilo, el maestro Pugliese, Miguel Calo y Carlos Di Sarli entre otros".
Tanto Osvaldo como Agustín nunca formaron parte del llamado Tango For Export ni de la trouppe de Grandes Valores del Tango pero, vaya paradoja, hoy son una atracción para los turistas que visitan el barrio de Almagro y son referentes para los jóvenes tangueros.
El bar 12 de Octubre o Lo de Roberto ubicado en la calle Bulnes al 300, es un pedazo de la Ciudad de Buenos Aires detenido en el tiempo que tiene más de cien años de vida. Desde la fachada del lugar nos recibe la sonrisa de Carlos Gardel y la leyenda "Despacho de bebidas". Detrás del mostrador Roberto Pérez y su hijo Esteban atienden al público que se acoda en la barra de madera, mientras tanto, desde unos parlantes enfrentados suenan Willy Crook y alguna que otra formación tanguera del momento. Completan la escena una vieja heladera, botellas de licor Clinton y cognac Tres Plumas cubiertas de un polvillo de años, un retrato de Domingo Faustino Sarmiento, poemas de un ignoto Daniel Garibaldi, un mapa de la "Esperanza Argentina", un cartel de "Prohibido escupir en el piso" y el toque de modernidad que le da una pequeña biblioteca.
Muchos creían que el tango estaba muerto, pero con la llegada del nuevo milenio resurgió de la mano de las nuevas tendencias, que lo tomaron como propio y tratan de reformularlo desde lo instrumental, aunque su mística permanece intacta con personajes como Osvaldo y Agustín. Ellos vivieron las idas y vueltas de la canción ciudadana: "Hoy el tango volvió a ser local porque, lamentablemente, durante mucho tiempo fue extranjero. Llegabas y decías la palabra tango y te miraban con desprecio", asegura Peredo con la firmeza de quien se siente un porteño de ley y agrega: "hace unos años no veías un bandoneón por la calle y ahora ves a varios pibes con el fueye en andas. La verdad es que no sé por qué sucede, será porque el tango es difícil de contener. Los pibes a veces me sorprenden porque piden cada tango que nunca me hubiese imaginado, y si vamos a la lógica son temas que tienen cuarenta años y que jamás habrán escuchado en vivo".
El dúo Peredo-Ortega existe junto a la magia del bar 12 de Octubre, ese es el lugar en el mundo para que su música tenga sentido. Ese sentido que mezcla el arrabal, el amor, el desengaño, el barrio, la lealtad y los amigos, con el lenguaje y la expresión que los verdaderos cantores populares llevan en la sangre y se empeñan tozudamente en transmitir a las nuevas generaciones. Ellos reivindican lo más puro de los jóvenes de ayer y les juran a los pibes de hoy que “el café es lo único en la vida que se pareció a mi vieja...”

Walter Marini y Marcelo Massarino
Fotos: Florencia Gómez Bidondo

Publicado en revista Sudestada.
Año IV. Nº 30. Julio 2004.

3 comentarios:

  1. Anónimo1:34 a. m.

    Creo que fue una de las mejores notas, pero me quedo con la del fútbol de ascenso.

    Vengador anónimo.

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  2. Anónimo11:12 p. m.

    Iré allí hoy por la noche...Me dijeron cosas interesantes sobre el sitio...Más loco es que la gente de aquí no sepa de la existencia de dicho local. Por eso mismo debe ser interesante. Gracias por las informaciones. Saludos. Juliana

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  3. Anónimo4:15 p. m.

    Anoche pasé por lo de Roberto, gran desilusion, ya no es lo que era entonces, lleno de pibes de 20 años, escuchando Depeche mode, el boliche muy prolijito no conserva la vieja clientela que lo hizo conocido, eso sí, rigurosamente Don Osvaldo como a las once ymedia, nos deleitó con sus maravillosos tangos acompañado de dos guitarristas muy buenos, con un intervalo para fumar en la vereda el espectáculo hizo que valiera la pena la salida, pero, si mi padre viviera se deprimiría al ver su viejo bar convertido en tanguería for export.
    Pero surgen nuevos lugares y si tenés ganas de ir a escuchar lindos tanguitos en el Bar de Carlitos, en Saavedra y Carlos Calvo, los viernes y domingos podrás disfrutarlos. Un lugar que no reniega de su origen y te remonta con sus objetos a principios del siglo pasado. Suerte, y gracias por el comentario.

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