25 dic. 2005

Nira y el patio de la infancia


Por Griselda Gambaro*
No conocí personalmente a Nira Etchenique, aunque algunas veces nos hablamos por teléfono. La última vez me llamó ella para agradecerme un comentario que yo había formulado en una nota sobre Judith Querida, comparando lo imposible que había sido para mí usar la primera persona en El mar que nos trajo, una historia autobiográfica, cuando ella lo había hecho con tanta justeza en esa novela, y antes en Persona, del `79, donde el personaje del padre la obligó, como dijo, “a inclinarse sobre el patio de la infancia”. Pero un patio nunca habitado por la presencia inoportuna o excesiva del “yo”, la autoreferencia banal, patio abierto a su experiencia de vida y a la circunstancia de la época con una actitud y un manejo del lenguaje que nos lleva a compartirla.
Nira Etchenique tenía una voz sensible, una escritura sin estridencias. Quizás por eso no alcanzó el mal entendido de la popularidad, lo que llamamos una masa considerable de lectores. Autora de pocos libros, el último Vox Populi, un magnifico volumen de cuentos donde recorría otros temas, otros lugares. No necesito más, sin embargo, para imponerse en el camino secreto de la literatura como una de sus voces más valiosas.
* Dramaturga y escritora argentina.
Publicado en Revista Sudestada, edición nº 44, Buenos Aires, Argentina.

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