1 may. 2006

PASION INEXPLICABLE

Por Ezequiel Fernández Moores*
Era una de mis primeras notas para la agencia Télam, a comienzos de 1978. Me envían a cubrir un partido del ascenso en Defensores de Belgrano. Ni me acuerdo el rival. Supongamos que era Flandria. Pero sí recuerdo que el cronista radial, que estaba apenas dos filas arriba mío, dice en su primera salida algo así como: “Mucho mejor Flandria, Defensores no juega a nada”. Pasó apenas un segundo, para que un hincha que estaba a dos metros suyo le largara en seco: “¿Qué dijissste pibe, que Defensores qué?”. El pibe de la radio se puso blanco y en su salida siguiente, pese a que Flandria había intensificado su dominio, su comentario fue más prudente: “Partido parejo, cero a cero Muñoz”.
Fue una de mis pocas experiencias en el fútbol del ascenso. Suficiente para comprender parte de su mundo. Ahora están las cámaras de TN, el canal de cable que emite unos informes notables, a veces en canchas absurdas, con hinchas mirando el partido desde afuera subidos al techo de un micro, golazos que se mezclan con goles de solteros contra casados, periodistas que gritan el gol como si estuvieran en el medio de la barra, apodos y apellidos de cuentos de Soriano y algunas peleas insólitas, verdaderos cuerpo a cuerpo, con tipos pasados de vino o falopa contra policías que pierden el casco y siguen tirando palos, aguardando refuerzos que jamás llegarán. Pero todos, o casi todos, agradeciendo hasta con banderas a TN porque al menos alguien se acuerda de ellos.
Salvo TN, Olé o algunos espacios mínimos de otros medios, se trata de un mundo inevitablemente ignorado por la gran prensa nacional, excepto cuando se producen tragedias. Los pobres, se sabe, sólo suelen salir en los diarios cuando cortan calles, queman gomas o saquean supermercados. Por eso, no coincido con Maradona cuando dice que sólo los hinchas de Boca saben lo que es la pasión, que el resto no tiene idea, como expresó en la Bombonera en la fiesta del Centenario. No coincido para nada. Esa pasión, aunque por momentos me resulte inexplicable, me parece en realidad mucho más poderosa que la de un hincha de Boca, que sí está acostumbrado a salir en la tapa de los diarios y a que repitan sus goles en todos los noticieros. Recuerdo a un padre hincha de Flandria que me explicaba lo que le costaba explicarle a su hijo que su equipo también era un equipo de fútbol. Y recuerdo también a ese pibe que, justo cuando el colectivo se frenó en un semáforo y se produjo un momento de silencio, le preguntó enojado a su madre: “¿mamá, por qué tenía que ser de Flandria?”.

* Periodista de la Agencia ANSA

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