2 may. 2011

Plástica

Juan Manuel Sánchez, el pintor del Bicentenario

"Bicentenario". Acrílico sobre tela. 1x 1,5 mts (2010).
El artista plástico Juan Manuel Sánchez nació en 1930 y fue uno de los fundadores del Grupo Espartaco que, entre 1958 y 1969, conmovió el arte de la Argentina con una mirada política y social frente a las tendencias hegemónicas. Ricardo Carpani junto a Sánchez, Mario Mollari, Esperillo Bute, Pascual Di Bianco, Juana Elena Diz, Raúl Lara Torrez, Carlos Sessano y Franco Venturi le dieron vida a este movimiento artístico que abrazó la corriente estética de los muralistas mexicanos y de plásticos como Osvaldo Guayasamín y Cándido Portinarí.
“Espartaco enfrentó decididamente el avance de las corrientes europeizantes y, en particular, de aquellas que hacían un culto de la no figuración. La posición de la agrupación quedó plasmada en el Manifiesto por un Arte Revolucionario en América Latina. “Entre la abstracción y el informalismo, contra el costumbrismo pictórico y el seguidismo de la pintura europea o norteamericana, a favor de una pintura netamente latinoamericana de formas y contenidos nacionales y revolucionarios”, sintetizó el crítico de arte Omar Singini en la revista Crisis cuando, en 1986, la galería Soudan hizo un homenaje al grupo.
En su estudio porteño de la calle Paraguay, Sánchez recibe a Sudestada entre decenas de obras que tienen su sello inconfundible aunque cambie el color o el trazo del pincel.   Reconoce que el paisaje le dio una sensibilidad que absorbió poco a poco: los años en Vancouver (Canadá); el Mediterráneo en Palma de Mallorca (España) y los atardeceres en Tartagal influyeron para amalgamar tonos y texturas.
"Minero". Acrílico sobre tela. 1,00 x 0,80 mts. (1997)
Juan Manuel Sánchez es un pintor, muralista y grabador notable, uno de los más importantes de la Argentina. Su obra forma parte de la colección permanente de diferentes museos del mundo. Con ochenta años mantiene una producción que refleja un compromiso con sus ideas de toda la vida, de un pueblo dueño del presente y artífice de su destino. Sin ataduras, expresa aún la necesidad de un proyecto colectivo que incluya a los trabajadores, a los desamparados.   
Durante los festejos de los doscientos años de la Revolución de Mayo tuvo la idea de una nueva obra que tituló Bicentenario: “La celebración en la 9 de Julio fue tan contundente que luego de tanta maravilla sentí que nos olvidábamos de la pobreza; fue una reacción. Después de tantos años en la temática social y de preocuparme por la mujer y el amor, me dije que sería bueno que todos pudiéramos disfrutar de la fiesta. Es decir, hay que vivir y dejar vivir. En este caso se trata de gente sin techo, aunque bien establecida desde el punto de vista del amor; están desamparados porque duermen sobre los cartones”. Esta tela -de un metro y medio por un metro- que “bien podría ser un mural” es una manera de señalar que “siempre es necesario reafirmar que el hombre tiene derecho a vivir plenamente no sólo del alimento de todos los días sino también de la cultura”.
Bicentenario es una forma de “volver a cuando éramos espartanos, allá por 1958-1969 y estábamos en la búsqueda de una identidad desde el arte, con una forma y colores identificables como algo de aquí. Nacimos en un momento en el que en Buenos Aires pesaba mucho la cultura francesa; hicimos un manifiesto por una revolución en lo social y en la plástica, tomamos de todos los movimientos que nos antecedieron aquello que nos alimentaba. Como plásticos, nuestro lenguaje era a través de la forma y el color; forma es el dibujo, la línea, la estructura. La intención también era hacer murales, algo inmediato para comunicarse con la gente porque aún con la temática social si el soporte era el mismo, el cuadro, no llegábamos al pueblo.”
Figura sentada. Acrílico sobre tela. 1,00 x 0,70mts.(2009)
A cuarenta y siete años de la conformación de Espartaco, Sánchez considera que “después de tanto tiempo es importante decir que no fue una moda”. También recuerda a Franco Ventura, el primer artista plástico desaparecido durante la última dictadura militar: “lo secuestraron y nunca más se supo de él; fue de hierro durante la tortura”.
El futuro lo inquieta aunque tiene una cuota de esperanza porque tiene la convicción que hay herederos que recogen aquellos postulados: “Los hay pero no en la medida que deseábamos; siento que hay gente, todos jóvenes. Es importante que la juventud no sea dependiente de los modelos, de aquello que se cocina afuera. Durante mucho tiempo se consideraba que había que ir a pintar a Paris; sin embargo, los ecuatorianos y brasileños lo hicieron en su lugar y de ahí aprendimos nosotros”.
Juan Manuel Sánchez se reconoce “admirador de (Lino Eneas) Spilimbergo y de Antonio Berni, aunque en ellos la imagen no deja de ser europea. Cuidado que no se trata de negar la herencia porque venimos de ahí. Se trata de plasmar algo más auténtico como lo hicieron los mexicanos, Guayasamín, Portinarí y aún con cierta abstracción, el uruguayo (Joaquín) Torres García.” La búsqueda de una manera distinta de hacer arte “fue algo interno y tuve la suerte de hacerlo desde muy joven; no tuve muchos maestros sino una formación muy elemental”, admite.
"Descansando" (detalle). Acrílico sobre tela. 0,76 x 1,02 mts.(2006)
Vivió más de una década en la ciudad de Vancouvert, Canadá. Recuerda que se fue en el noventa “y me quedé más de dieciséis años y regresé hace unos cuatro para dejar mis huesos aquí”. Después de sesenta años de trayectoria se considera “un pintor social; es cuestión de sensibilidad porque tenés algo para decir. Toda la pintura es social, incluso el arte abstracto que, en aquella efervescencia juvenil, era la peor de las pestes. No hay arte puro. Se aprende a pintar y dibujar pero la capacidad de expresar no se enseña en ninguna academia. Aunque desde la técnica seas perfecto, esas cosas están adentro. Muchas veces me preguntan por la técnica y respondo que la hace cada uno porque aquello que te enseñan sólo sirve para empezar. Nada más. Cuando encaro un nuevo trabajo intento plagiarme lo menos posible; tampoco me eternizo en una gama de colores, aunque guardan una identidad y una raíz. Por ejemplo, en un momento hice una línea blanca, en otro saqué la línea negra para que el color quedara en libertad”, explica con didáctica.
Entre el bastidor y la calle Juan Manuel Sánchez prefiere el mural: “me gusta mucho más trabajar sobre la pared que sobre la tela en la que hay que lograr una síntesis, un concepto con densidad y fuerza. En el mural hay monumentalidad y formas grandes”, afirma.
La nota completa en la edición gráfica de Sudestada nº 98, mayo 2011.

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