5 ago. 2011

Sudestada

Los niños de Japón
Alejandra Correa
Editorial Recovecos
2010

Alejandra Correa contó que los versos de Los niños de Japón nacieron luego de leer la novela Pálida luz en las colinas, de Kazuo Ishiguro, un texto que "ordenó esa búsqueda relacionada al tema de la infancia, la crudeza y la soledad".
El silencio que tiene la poesía de Correa es fundamental para entender los sentidos de una obra impregnada de humanismo y nos permite encontrar las palabras que evocan a la crueldad, el amor, el desamparo.
En "La lejana", escribe: Este ojo mío/ es una ranura/ por la que espío/ cómo duermen los niños/ en esos lechos duros/ como el hueco/ de una tumba. Y en "Kimitake", dice: La luz de las estrellas/ aun brilla en el hielo/ un río de niños/ transparente como cristales/ se parte/ y la sangre/ nos moja los pies/ cada mañana.
El crítico Pablo Gianera señala con acierto que "cada poema de este libro es un origami. Y lo es no solamente por la expansión casi tridimensional de sentidos, sino por sus pliegues". Al inicio hay "7 reglas básicas" para este arte. Entre ellas es necesario "todos los dobleces y pliegues debe hacerse con pulcritud y esmero, por lo que se aconseja trabjar sobre una superficie lisa y sólida donde poder maniobrar al niño sin dificultades".
El volumen cuenta con ilustraciones del rosarino El Pibe efervescente y una cuidada edición de la editorial cordobesa Recovecos que aportan un valor adicinal e invitan a la lectura.
M.M.

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